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jueves, 21 de marzo de 2013

Entre Rodrigazos, inflación y acuerdos de precios



El año 2013 arrancó muy cargado en materia económica. Los principales gurúes del neoliberalismo volvieron al ataque, esta vez utilizando una serie de recursos apelativos de un pasado lejano. Bajo su argumento, vivimos en una Argentina de un gobierno demagógico y populista que no controla la inflación, lo que genera una apreciación cambiaria con lo que, tarde o temprano, va a ser necesaria una devaluación de la moneda para recuperar la competitividad perdida.
A partir de este recorte parcial de la realidad, el “partido devaluador” encabezado por el ex ministro de economía, Roberto Lavagna entre otros buscan instalar la idea de la inevitabilidad de una devaluación de la moneda para incentivar para las exportaciones y desincentivar las importaciones, medida que si no se toma en el corto plazo estaríamos frente a un posible Rodrigazo[1]. Esta idea se basa en otro supuesto, que existe un “grave” problema de la inflación que el gobierno no quiere reconocer y no combate activamente [i].
El tema de la inflación
             La cuestión de la inflación es un tema muy recurrente en el debate de la sociedad Argentina y no es para menos. Nuestro país vivió grandes problemas inflacionarios graves con índices de tres dígitos anuales y una hiperinflación para finales de los ’80 que tuvo efectos nocivos de la economía, lo que también de generó un comportamiento conservador y sensible en la sociedad[2].
En lo que respecta al debate de la inflación en Argentina, en relación al 2012 hubo un acuerdo tácito y generalizado de que el índice se hubo alrededor del 25%. Ingenuos seriamos si pensáramos que el debate de cuanto es la inflación es meramente un dato económico y no envuelto en una disputa política por un modelo económico. Para estos economistas, el problema de la inflación existe por una política económica que, por un lado incentiva a la demanda a partir de un gasto publico “desmesurado” y a partir de una política monetaria de expansiva que genera un desequilibrio en el balance de pagos. Para ellos se soluciona sencillamente: hay que acabar con las políticas redistributivas (aumentos en las jubilaciones, AUH, obra pública, subsidios a las tarifas, etc), buscar un acuerdo con el FMI para obtener divisas (por más que nos cobren tasas de intereses usureras), abrimos las barreras arancelarias para que entren productos extranjeras (y así destruir la industria local aumentando la desocupación) e incrementamos la tasa de interés para que venga el capital extranjero así poder obtener divisas (generando especulación financiera).
Pese a que digan lo contrario, el gobierno de Cristina y su equipo económico reconocen la existencia de la inflación como un problema pero tienen un diagnóstico y una política diferente hacia ello. Partimos de considerar que el problema inflacionario no puede analizarse aislado de otras variables como la desocupación, el crecimiento del PBI, la distribución del ingreso, etc. En el Informe de Programación Económica 2013 del BCRA la institución reconoce una serie de determinantes de la inflación en la Argentina mencionando claramente que “(…) la presencia de desequilibrios en la estructura productiva, los ‘cuellos de botella’ en determinados sectores, la puja distributiva, la formación oligopólica de precios y los shocks exógenos de los precios internacionales para cuya superación definitiva no existe otro camino que el desarrollo productivo con inclusión social” [3].  El problema de la inflación entonces refiere a determinantes estructurales. El gobierno tomó nota de esto y actúa en consecuencia. Los desequilibrios en la estructura productiva y la restricción externa son fenómenos remediables en el largo plazo a partir de una política activa de industrialización, fomentando la inversión y promoviendo líneas de crédito accesibles a la pequeña y mediana empresa[4]. Por el lado del impacto de los precios internacionales, no está de más recordar la repercusión que tuvo el conflicto por la 125 que enfrentó al gobierno con las patronales agrarias. Durante el 2012 y frente a la dificultad de utilizar el instrumento de retenciones se fue por el lado del aumento del impuesto inmobiliario impulsado por varias provincias[5].

La propuesta neoliberal: la devaluación
La estrategia de los economistas neoliberales y de los partidos de la derecha neoliberal de nuestro país defienden es la del poder económico, el capital financiero y  los sectores agroexportadores.
Bajo el planteo del exceso de demanda, del desequilibrio fiscal aseguran que se ha perdido competitividad en el sector industrial y que es necesario un ajuste en el tipo de cambio real que deprecie el peso en relación a la divisa internacional, el dólar. Según ellos, esto generara que bajen las importaciones y aumenten las exportaciones recuperando el equilibrio en la balanza comercial, no siendo necesario recurrir a parches proteccionistas como controlar las importaciones o el “cepo al dólar”.
El planteo de política económica que se presenta como objetivo y desprovisto de cualquier connotación política ajena a la ciencia económica. Sin embargo, no podemos no aprender de lo que la historia económica nos ha dejado de enseñanzas de nuestro pasado reciente y no tan reciente también. Durante mediados del siglo XX la Argentina experimento una serie de crisis cíclicas o de “stop and go” (marcha y contramarcha); frente a un ciclo económico expansivo, de crecimiento, de mejora de la distribución de la riqueza y de aumento del consumo se llegaba a un freno por la incapacidad de la economía de obtener las divisas necesarias para pagar las importaciones necesarias para seguir produciendo, por lo que se imponía un ajuste devaluatorio que retrotraía la situación generando una distribución negativa de los ingresos hacia los sectores más concentrados y exportadores iniciando un nuevo ciclo. Las características estructurales nuestro país genera que frente a cada devaluación, los sectores populares pierdan poder adquisitivo generando una transferencia de ingresos hacia las clases dominantes, fundamentalmente los sectores con capacidad exportadora es decir, el agro.
Ahora si la idea de la devaluación adquiere un tinte netamente político. Los paladines de la devaluación pretenden generar un proceso de redistribución de la riqueza hacia los sectores de agroexportadores, los cuales no tienen ningún problema de competitividad externa dado que la productividad del sector es muy alta. Por otro lado, otro de los que se beneficiarían son los capitales concentrados oligopólicos como el grupo Technit quien pretende un ajuste mediante salarios ya que los considera excesivamente altos[6].
Asimismo, una política devaluatoria impactaría negativamente en el mercado interno teniendo un efecto recesivo en el conjunto de la actividad económica. Los trabajadores perderían poder adquisitivo de su salario por lo que redujeran su consumo, las industrias dedicadas a la producción interna podrían quebrar y dejar a muchos trabajadores en la calle porque no tendrían mercado para ubicar sus productos, así como deberían reducir su producción frente al encarecimiento de los bienes intermedios y de capital importados[7].
Una estrategia Nacional y Popular
            Desde el lado del gobierno de Cristina se comenzó dar un nuevo avance en materia de política económica luego de un 2012 con muchos determinantes externos (altos vencimientos de deuda, restricción externa, crisis internacional) que condicionaron fuertemente el desarrollo de una política de crecimiento con inclusión social.
Por un lado, el atenuamiento de la crisis internacional, la recuperación económica de Brasil, los bajos vencimientos de deuda previstos para este año, el crecimiento de los precios de los commodities actúan como factores alentadores para retomar la senda del crecimiento.
En la economía doméstica tenemos una serie de elementos que aportan a pensar un 2013 positivo. YPF ya está dando síntomas reales de recuperación achicando los niveles de importación de combustibles que tanto impactaron en la balanza comercial, el plan PROCREAR comenzará a ser un factor dinámico generando empleo y consumo.
Con respecto al problema inflacionario anteriormente mencionados por el BCRA, el gobierno actuó en contra con los formadores de precios generando un acuerdo de precios con los supermercadistas, el cual si logra mantenerse en el tiempo logrará bajar la inflación en el rubro más sensible para los sectores populares que es el alimenticio, que es donde gastan la mayoría de sus ingresos. Los economistas neoliberales insisten en que esta política siempre fracasó y que generará desabastecimiento ya que la oferta no se verá incentivada a ampliarse, con lo que es necesario generar confianza para mejorar inversión. Lo que estos omiten es que la inflación en este sector es generada por la especulación de los intermediarios de la cadena de comercialización que le terminan imponiendo un precio excesivamente alto al consumidor final generando una rentabilidad extraordinaria.
Capítulo aparte merece la puja por la distribución de la riqueza. El aumento del mínimo no imponible actúa como instrumento redistributivo a las fracciones mejor remuneradas, lo que les permitirá valorizar mejor sus acuerdos generando un efecto redistributivo. Por otro lado, el aumento de las jubilaciones (siempre por encima de la inflación), el mantenimiento de una política activa en materia de subsidios actúan como factores redistributivos (que se cada vez se orienta más a los sectores populares logrando mayor equitatividad), los cuales se mantendrán activos durante 2013.
El kirchnerismo nuevamente nos demuestra una orientación política clara en materia económica. Hacia como en los últimos 9, casi 10 años la economía se orienta hacia los intereses populares creando empleo y distribuyendo de la riqueza contra el poder económico y concentrado; así como también hacia los intereses nacionales recuperando y defendiendo la soberanía, frente a las embestidas de los fondos buitres y del FMI.  Este año la apuesta no será menor, la conducción política de Cristina es la garantía necesaria e imprescindible para profundizar este modelo de desarrollo con inclusión social.


[1] El Rodrigazo fue una serie de medidas de ajuste tomadas por el ministro de economía de Isabel Perón Celestino Rodrigo que implicaron una devaluación del 160% de la moneda generando un ajuste en el salario real lo que produjo un shock recesivo en la economía.
[4] Ejemplo de esta política son los créditos bicentenario. http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-199398-2012-07-24.html

[i] Enumero solo algunas de las notas catastrofistas de los principales diarios del establishment económico.
15/2/2012