Por Sebastián Serra
INTRODUCCIÓN
En el presente trabajo buscaré
analizar los impactos del capital extranjero en la industria Argentina. Durante
el gobierno de Arturo Frondizi se desarrolló una política económica orientada a
la atracción de capitales de origen foráneo para poder generar un salto
cualitativo en la industria, teniendo como objetivo primordial lograr un
incrementó en la producción y una mejora en los niveles de productividad.
Este proceso se enmarca en una necesidad
inherente de la industria Argentina de desarrollar una industria pesada de
bienes intermedios y de capital. Esto se da frente al agotamiento de lo que se
denominó la primera etapa de la industrialización por sustitución de
importaciones. Esta etapa se caracterizó por el progresivo crecimiento de una
industria liviana más bien ligada a los bienes de consumo. Este tipo de
industrialización comenzó a manifestar límites y desequilibrios estructurales
de carácter cíclico en la balanza de pagos producto del deterioro de los
términos de intercambio y el estancamiento pampeano, a raíz de un nivel de
precios cada vez más bajo de las materias primas.
El desarrollismo entonces buscó
generar un nuevo ciclo industrializador impulsando a las industrias pesadas.
Este objetivo se veía obturado por la necesidad de dos elementos claves para
lograrlo: capital y tecnología. Esta necesidad llevó a los implementadores del
programa desarrollista a buscar inversiones extranjeras que pudieran
desembolsar enormes cantidades de capital y además posean el know how necesario para llevar adelante
enormes emprendimientos productivos. Por
lo tanto, ese ingreso masivo de
inversiones extranjeras generó un proceso de concentración y extranjerización
en la estructura productiva que, si bien mejoró notablemente los niveles de
producción y productividad en la industria, derivó también en la profundización
de una matriz productiva basada en la dependencia económica (fundamentalmente
estadounidense), por lo que generó mayores desequilibrios en el balance de
pagos produciendo el agudizamiento de los ciclos de stop and go.
El
gobierno de Frondizi
Para la llegada de Arturo Frondizi a
la presidencia en 1958 el país se encontraba en dificultades económicas frente
a una estructura económica fuertemente desequilibrada, con una producción agropecuaria
estancada producto del deterioro de los términos de intercambio, con una
balanza comercial deficitaria, con un sector energético incapaz de cubrir con
la demanda industrial, con una infraestructura profundamente deteriorada y con
una creciente inflación.
Según
el diagnóstico de los sectores desarrollistas, el país se encontraba en el
subdesarrollo por “(…) la incapacidad de lograr la expansión autosostenida de
las fuerzas productivas con un ritmo suficiente como para cerrar la brecha que
existía frente a los países considerados desarrollados. Las estructuras
económicas del país no permitían una alta tasa de acumulación de capital, que
se agravaba por el constante deterioro de los términos de intercambio (DTI)
originado en el bajo valor agregado de las exportaciones frente a importaciones
con un valor agregado creciente y por el manejo discrecional de los precios por
parte de los monopolios (…) La creciente transferencia de valor por medio del
DTI era signada por como la causa de la inflación y del persistente déficit
comercial que afectaban a la Argentina, y no podían ser derrotados, entonces,
sino por medio de una política de desarrollo” (Rapoport: 2006, 456). Los
sectores desarrollistas, por lo tanto, seguían la idea de desarrollo según la
visión planteada por Truman y teorizada por Rostow[1].
El desarrollo en Argentina entonces debía recorrer las mismas etapas que en los
otros países que ya llegaron a ese estadio, haciendo imprescindible tomar el
mismo camino aplicando las mismas políticas que fueron aplicadas en estos,
usándolos como espejos en donde reflejarse.
Cuadro 1. Balanza comercial (en
millones de pesos de 1960)
|
||||
Año
|
Importaciones
|
Exportaciones
|
Saldo
|
Relación Export./PBI
|
1954
|
834,9
|
866,8
|
31,9
|
10,9
|
1955
|
1.003,7
|
780,7
|
-223
|
8,9
|
1956
|
897,6
|
895,5
|
-2,1
|
10
|
1957
|
1.001,4
|
945,7
|
-55,7
|
10
|
1958
|
1.044,7
|
974,4
|
974,4
|
9,7
|
Fuente: Rapoport (2006)
Frente
a este diagnóstico, los intelectuales desarrollistas pretendían desarrollar
fuertemente las industrias siderúrgica, energética, química, petrolera, así
como también mejorar la productividad del sector agropecuario, de la industria
automotriz y mejorar la infraestructura en el transporte.
Sin
embargo, esta estrategia generaba una disyuntiva en cuanto a la estrategia a
realizar estos fines. La necesidad de contar con enormes masas de capital para
poner en marcha inversiones de gran escala eran una traba importante para la
generación de este proyecto político. Según Frigerio, el principal colaborador
de Frondizi, “Aparecen, entonces, dos caminos para la acumulación: a) una
restricción drástica de los consumos, para disponer de mayores excedentes de
exportación e incrementar el ahorro interno, lo que equivale a la instauración
de un gobierno de fuerza, que aplaste todo brote de lucha reivindicativa, cosa
poco menos imposible a esta altura de la civilización. b) la colocación del
capital extranjero (…) El capital extranjero tiene hoy dos significados: uno,
como contribución para acelerar el desarrollo de los sectores básicos; en este
sentido su papel vinculado al problema del ritmo. Otro, como adquisición de las
técnicas modernas, es decir, como posibilidad de superar las etapas que
debieron recorrer los países capitalistas “antiguos”. (Frigerio: 1967, 24)
Pero
para esto había que canalizar el ahorro interno para generar inversión. Esto solo
podía llevarse a cabo mediante el desincentivo al consumo, lo que a su vez
también tendría problemas políticos y sociales importantes frente al cambio
generado luego de la experiencia peronista, en donde frente a una contracción
de la demanda (y por ende, de sus ingresos) los trabajadores no iban a quedarse
inertes. Frente a esta situación, el gobierno privilegio atraer inversiones
extranjeras para suplir esta falta de capitales, apostando a canalizar el
ahorro externo, que permitía hacer frente a los ambiciosos desafíos de este
programa económico y buscando evitar la confrontación con los sectores
políticos y sociales, fundamentalmente con el sindicalismo peronista. El
capital extranjero entonces jugaría el rol de constructor de infraestructura y
de industria pesada, generando mayores capacidades productivas, en el corto
plazo traería desequilibrios en la balanza comercial pero en el largo generará
una robusta estructura industrial.
La
estrategia aperturista se desarrolló mediante la sanción de dos leyes en 1958.
La primera fue la Ley N°14780 de radicación de los capitales extranjeros y la
Ley N° 14781 de promoción industrial. La primera tenía como objetivo fomentar
la inversión extranjera directa en el país igualando las condiciones del
capital extranjero con el nacional, liberando la posibilidad de remisión de
utilidades, posibilidad para repatriación del capital, liberalización de derechos
aduaneros, así como reducciones impositivas o incluso exenciones, facilidad
crediticia, en donde todas quedaban a criterio del Poder Ejecutivo Nacional. Por
otro parte, la segunda ley buscaba generar un proceso de descentralización
industrial. Para ello creó el Consejo Nacional de Promoción Industrial que se
vincularía con la Secretaria de Estado de Industria y Minería; pese a ello, hubo
muchos inconvenientes en su implementación dado que recién fue reglamentada en
1961. Sin embargo, para la lógica desreguladora del capital en general, y del
extranjero en particular, la ley 14780 era insuficiente para seguir
incrementando las radicaciones de capital. Por lo tanto, y a instancias del
poder norteamericano, se sanciono la ley 15803 de garantía de las inversiones
reglamentada en junio de 1961 por decreto. Esta ley “(…) establece las normas
de funcionamiento de las garantías de inversiones norteamericanas de acuerdo al
convenio de 1959 que ratifica. Conforme al artículo 1°) los gobiernos argentino
y norteamericano, se consultarán a petición de cualquiera de ellos, con
respecto a los proyectos de inversión norteamericanos que se hagan en nuestro
país, con pedido de garantías” (Martorell: 1969, 101). Asimismo en el artículo
3, se establecía que “Si el gobierno de los Estados Unidos de América efectúa
pagos en dólares a cualquier persona en razón de la garantía mencionada, el
gobierno argentino reconocerá la transferencia al gobierno de los Estados
Unidos de América de cualquier dinero o crédito por cuenta de los cuales se
efectúa el pago, y la subrogación en favor del gobierno de los Estados Unidos
de América de cualquier derecho, titulo, reclamación, o causa de acción que
exista en relación a los mismos”. Y en su artículo 4 afirma que “Cualquier suma
en moneda argentina adquirida por el gobierno de los Estados Unidos de América
conforme a las transferencias y subrogaciones señaladas en el artículo anterior
gozará de trato no menos favorable que el acordado en la República Argentina a
los fondos privados provenientes de transacciones de nacionales de los Estados
Unidos de América que sean comparables a las transacciones cubiertas por tal
garantía. Estas sumas serán libremente disponibles por el gobierno de los
Estados Unidos de América para gastos administrativos en la Argentina”.
En
términos de ideológico-económicos, los sectores desarrollistas planteaban un
cambio de perspectiva frente a la dicotomía capital nacionales vs capitales
extranjeros. Este cambio de paradigma se planteó como resultado de una búsqueda
de superación del nacionalismo económico arraigado durante décadas. En este
sentido, ahora se pregonaba una nueva dicotomía basada en la oposición entre
“capitales transformadores de la estructura productiva versus capitales que
conservaran la condición de subdesarrollo” (Rapoport: ,457). Esto implicaba el
abandono de la estrategia pergeñada durante el proyecto peronista de construir
una burguesía nacional y con vocación industrializadora.
Por
otro lado, también en diciembre de 1958 se llevó adelante el acuerdo de Stand by con el FMI, quien comenzó a
tener injerencia en las políticas económicas que se empezaron a llevar
adelante. El Gobierno de Frondizi estableció con ellos una serie de compromisos
como “(…) la elevación de los efectivos mínimos bancarios al 60%, la
cancelación de las financiaciones hipotecarias para la vivienda, la restricción
del financiamiento del déficit fiscal por el Banco Central, la eliminación de
la mayoría de los controles de precios que aún quedaban, el cese de
restricciones cuantitativas al comercio y una fuerte devaluación para que el
peso alcanzara su nivel en un mercado libre de cambios.”(Ferrer: 1974, 241).
Las políticas del FMI de corte ortodoxo se basaban en que existía un exceso de
demanda producto de los altos salarios, lo que generaba inflación y problemas
de déficit en la balanza comercial. Para ello, había que ejecutar una política
de restricción al consumo de las clases populares para poder estabilizar las
variables macroeconómicas impulsando una devaluación lo que generó “(…) una
fuerte traslación de ingresos al sector rural y en el curso de 1959 los precios
de la carne subieron en 250% (…) y la liberalización de controles de precios,
generaron un aumento de precios (…)” (Ferrer: 1974, 242). Basualdo plantea que
el supuesto del FMI acerca del exceso de demanda “ignoraba que en realidad
había capacidad ociosa y que la principal restricción se encontraba en la
escuálida oferta de bienes exportables (agropecuarios) (…) mediante la restricción
de la demanda interna por la reducción del gasto estatal y los salarios, se
generaban tendencias recesivas con una marcada concentración del ingreso en
manos de los sectores oligopólicos industriales y la oligarquía agropecuaria”(Basualdo:
2010, 56).
Como
muestra el cuadro N° 2, durante el periodo hubo un incremento sustancial en la
inversión bruta interna fija producto de la apertura inversora generando un
shock de inversión. Sin embargo, como muestra el cuadro N° 3, los indicadores
macroeconómicos demuestran que en el corto y mediano plazo hubo un deterioro en
el balance de pagos y una profundización del déficit de balanza comercial
impulsado por el incremento de las importaciones, fundamentalmente en materia
de equipos y máquinas para inversiones, así como los incrementos en la remisión
de utilidades.
Cuadro 2. Inversión
Bruta Interna Fija (en millones de pesos moneda nacional)
|
||
Año
|
IBIF
|
IBIF/PBI
|
1957
|
1.595,0
|
18,5
|
1958
|
1.738,5
|
19,0
|
1959
|
1.375,5
|
16,0
|
1960
|
2.079,1
|
22,5
|
1961
|
2.423,7
|
24,5
|
1962
|
2.207,2
|
22,6
|
1963
|
1.807,3
|
19,7
|
Fuente:
Rapoport (2006)
Las
políticas económicas de apertura lograron un importante crecimiento de la
inversión en los primeros años de la década del ’60. Asimismo los ingresos de
capital en el mediano plazo generaron fuga de capitales mediante el concepto de
remisión de utilidades y el incremento de las importaciones agravaron el problema de déficit de la balanza de pagos
y balanza comercial generando una nueva crisis cíclica; “el sector externo
entró nuevamente en crisis bajo el efecto de un bajo nivel de exportaciones, el
peso creciente del endeudamiento externo y una creciente falta de confianza en
la estabilidad del peso” (Ferrer: 1974, 243). La caída de Frondizi frente a un
golpe militar llevó a la aplicación nuevamente de políticas de ajuste impulsadas
por el FMI y los sectores liberales, como los ministros de economía Alsogaray y
Martínez de Hoz, en donde “(…) se adoptó una política monetaria extremadamente
restrictiva; el tipo de cambio fue liberado una vez más para encontrarse su
nivel propio, y se tomaron otras medidas con el objetivo de purgar a la
economía del ‘exceso de demanda’ y restringir la fuga de capitales. El producto
bruto interno real per cápita y el consumo personal descendieron a su más bajo
nivel en los últimos diez años” (Mallon/ Sourrouille: 1976, 35).
Cuadro 3. Saldos balanza de pagos y
balanza comercial 1959-1962 (en millones
de dólares)
Rubro
|
1959
|
1960
|
1961
|
1962
|
Exportaciones
|
1009
|
1072
|
964
|
1260
|
Importaciones
|
-993
|
-1249
|
-1460
|
-1357
|
Balanza comercial
|
16
|
-177
|
-496
|
-141
|
Servicios (neto)
|
-2
|
-20
|
-76
|
-128
|
Capital (neto)
|
||||
A corto plazo
|
75
|
223
|
278
|
-186
|
Otros*
|
34
|
125
|
133
|
127
|
Cambios en reservas
|
123
|
150
|
-161
|
-328
|
Fuente:
Mallon/ Sourrouille (1976).
Inversiones
Extranjeras durante el periodo
Apoyadas
por un contexto internacional favorable y por los cambios en materia
legislativa, comenzó un proceso de sostenido ingreso de inversiones extranjeras
que se empezaron a insertar en los principales resortes de la economía Argentina.
Esto produjo un cambio en la estructura económica y un claro quiebre con el
modelo anterior basado en el nacionalismo económico y la estrategia de
construcción de un empresariado nacional, industrialista, ligado al mercado
interno.
En
el cuadro N° 4 y el gráfico N° 1, se puede observar el salto que implicó en
materia de ingreso de capitales externos. Durante el periodo 1958/62 el ingreso
neto de capital se duplicó en relación al periodo de Perón en el gobierno. Este
salto recién volvió a repetir durante el gobierno de Onganía quien también
desarrollo una política aperturista. Lo importante a destacar de este periodo
es que marcó un cambio en materia de inversión extranjera, a partir de que le
fuera proporcionada una serie de garantías para el desarrollo de un proceso de
acumulación ampliada de capital, asegurándole una alta tasa de ganancia y la
posibilidad de poder remitir a las casas matrices el total de sus utilidades e
incluso el total del capital invertido. Asimismo, la reinversión de utilidades
se caracterizó por su decrecimiento permanente desde el periodo de Frondizi en
adelante, síntoma de que el sector industrial se veía desincentivado a
reinvertir sus utilidades producto de las condiciones de inestabilidad de la
economía argentina.
Cuadro 4. Inversión extranjera por periodos y total 1946/1965
|
(en miles de
|
u$s de 1983)
|
|||||
Periodo
|
Ingreso
|
Repatriación
|
Ingreso
|
Utilidades
|
Dividendos
|
Reinversión
|
Incremento
|
de capital
|
de capitales
|
Neto de Capital
|
Totales
|
en efectivo
|
de utilidad
|
en la inversión bruta
|
|
-1
|
-2
|
(3)= (1) - (2)
|
(4)= (5) + (6)
|
-5
|
-6
|
(7) = (3) + (6)
|
|
1946/55
|
565046
|
3380
|
561666
|
9525027
|
7243644
|
2281373
|
2843039
|
1956/57
|
171868
|
2228
|
169640
|
703433
|
361287
|
3421
|
511784
|
1958/62
|
1121515
|
10908
|
1110607
|
3241770
|
2271668
|
1289931
|
2400538
|
1963/65
|
861461
|
12302
|
849159
|
2287727
|
1674285
|
613443
|
1462602
|
1966/72
|
1660693
|
106485
|
1554208
|
2232468
|
1538773
|
693701
|
2247909
|
1973/ 75
|
229676
|
50052
|
179264
|
442533
|
338632
|
103901
|
283525
|
Fuente:
Azpiazu/Kosacoff (1985)
Gráfico
1. Inversión extranjera por periodos y total 1946/1965 (1946/55 = 100)
Fuente: Elaboración propia en base a datos de
Azpiazu/ Kosacoff (1985)
Durante
el gobierno de Frondizi, se autorizaron 254 radicaciones, en donde “(…) los 25
mayores proyectos (…) absorbían el 67% total de las inversiones, destacándose
entre ellos los presentados por las tres filiales norteamericanas fabricantes
de automóviles cuyos valores alcanzan al 20% del grupo de ‘elite’”(Azpiazu /Kosacoff:
1985, 17) . Otro dato importantísimo para analizar es el origen de las
inversiones recibidas. Como muestra el cuadro N°6, EEUU es el principal inversor
en el país proveyendo más de la mitad de las inversiones en el país. Esta situación
implicó una enorme primacía de EEUU, en donde no hubo otro país que le compita
medianamente por ingresar en el mercado argentino y desarrollar algún tipo de
inversión en el país, lo que demostró la tendencia hacia la concentración de
las inversiones extranjeras. Según Basualdo, “Las cifras disponibles indican que
entre 1958 y 1963 la nueva inversión extranjera rondó los 500 millones de
dólares, monto que representa el 23% de las inversiones radicadas en la
Argentina desde 1912, siendo igualmente importante (…) la reinversión de
utilidades. Sobre estas bases se puso en marcha la segunda etapa de sustitución
de importaciones, que reconocía un claro predominio de las firmas extranjeras
industriales, sustentado en actividades que se incorporaron durante estos años
(automotriz, químico-petroquímicas, siderurgia, etc.) y que de ahí en más
fueron los sectores más dinámicos del espectro manufacturero” (Basualdo: 2010,
57). En el cuadro N° 5 se puede observar la magnitud de las inversiones
extranjeras durante el periodo, donde se pueden analizar dos años claves de
shock inversor extranjero: 1959 y 1961. Estos dos años coinciden, primero con
la sanción de la ley 14780 de inversiones extranjeras y en 1961 con la sanción
de la ley 15803 de garantía de las inversiones extranjeras.
Cuadro 5. Inversiones extranjeras
efectuadas en la Argentina en el periodo 1958/1965
|
|
Año
|
Millones de dólares (u$s)
|
1958
|
9,6
|
1959
|
204,9
|
1960
|
44,4
|
1961
|
119,7
|
1962
|
85,1
|
1963
|
19,0
|
1964
|
11,5
|
1965
|
6,5
|
TOTAL DEL PERIODO:
500,7
|
|
Fuente: Martorell
(1969). El cuadro refleja las inversiones de capital extranjero autorizadas
según ley 14.780.
Asimismo,
no hubo desde el Estado una política clara en materia de orientación de las
inversiones provenientes del extranjero. La nueva legislación sancionada, si
bien aclara que las inversiones deben orientarse a desarrollar la industria en
general, no es suficientemente clara en relación a que sectores específicos y
con qué estrategia. Esta situación generó que las inversiones se radicaran de
manera anárquica en sectores con cierto desarrollo anterior, lo que no aportaba
a la integración horizontal y vertical del entramado industrial. En ese
sentido, el capital extranjero se vinculó de acuerdo a sus intereses
transnacionales y su capacidad de exportar determinadas manufacturas necesarias
para la valorización a nivel mundial de su producción. El cuadro N°8 refleja
que las inversiones se radicaron intensamente en las industrias química-petroquímica,
automotriz, siderúrgica, en la minería, refinamiento de petróleo con fuerte
énfasis en las dos primeras abarcando el 75% de las inversiones extranjeras
autorizadas durante el periodo. “La orientación de las inversiones favoreció
fundamentalmente a la industria petroquímica y a la automotriz, que recibieron
el 60% de los capitales radicados bajo el régimen. Las inversiones en
maquinaria y metalurgia fueron del orden de los 30 a 40 millones de dólares, y
las de especialidades medicinales y otros productos químicos y plásticos, de
unos 10 millones. Los 25 mayores proyectos concentraban el 67% de las
inversiones, y dentro de ellos, las tres automotrices norteamericanas absorbían
el 20%. Otros grandes emprendimientos eran los de las compañías petroquímicas
(PASA, Duperial, Indupa, Ipako), destilerías de petróleo (Shell) y aluminio
(este último, no concretado)” (Regalsky/Barbero: 2002, 138).
Cuadro 7. Inversiones extranjeras efectuadas en la Argentina en el
periodo 1958/65 (en millones de u$s)
|
||||||||
Año
|
Inversiones Directas
|
Reinversiones
|
TOTALES
|
|||||
Manufactura
|
Minería, Petróleo, otras
|
Manufactura
|
Minería, Petróleo, otras
|
Inversión directa
|
Reinversiones
|
General
|
||
1956
|
7
|
-
|
12
|
-
|
7
|
12
|
19
|
|
1957
|
3
|
18
|
6
|
6
|
21
|
12
|
33
|
|
1958
|
4
|
4
|
1
|
-
|
8
|
1
|
9
|
|
1959
|
12
|
33
|
10
|
4
|
45
|
14
|
59
|
|
1960
|
15
|
55
|
27
|
9
|
70
|
36
|
106
|
|
1961
|
38
|
58
|
33
|
19
|
96
|
52
|
148
|
|
1962
|
20
|
76
|
17
|
15
|
96
|
32
|
128
|
|
1963
|
8
|
12
|
-1
|
-2
|
20
|
-3
|
17
|
|
1964
|
9
|
7
|
26
|
3
|
16
|
29
|
45
|
|
1965
|
46
|
-29
|
61
|
22
|
17
|
83
|
100
|
|
Total
|
396
|
268
|
664
|
|||||
Fuente: Martorell (1969)
Cuadro 7. Origen de las inversiones
extranjeras directas autorizadas entre 1958 y 1965 por Ley 14.780
|
Cuadro 8. Inversiones extranjeras
directas autorizadas por sector industrial y país de origen entre 1958 y 1961
|
||||||
PAIS
|
PORCENTAJE
|
SECTOR
|
MONTO
|
% del
|
|||
Estados Unidos
|
55,1
|
(millones de u$s)
|
TOTAL
|
||||
Suiza
|
9,8
|
Química
|
122.1
|
31.5
|
|||
Holanda
|
5,3
|
Automotriz
|
96.7
|
25.0
|
|||
Alemania Occidental
|
6,7
|
Metales no ferrosos
|
44.4
|
11.5
|
|||
Italia
|
5,6
|
Refinación de petróleo
|
28.9
|
7.5
|
|||
Reino Unido
|
8,1
|
Maquinaria (no eléctrica)
|
26.5
|
6.8
|
|||
Francia
|
3,7
|
Transportes
|
10.3
|
2.7
|
|||
Canadá
|
2,2
|
Acero y Aluminio
|
6.4
|
1.7
|
|||
Suecia
|
0,7
|
Gas (producción y distribución)
|
6.3
|
1.6
|
|||
Panamá
|
0,6
|
Equipamiento ferroviario
|
5.7
|
1.5
|
|||
Venezuela
|
0,4
|
Otros
|
40.1
|
10.2
|
|||
México
|
0,4
|
Total
|
387.4
|
100.0
|
|||
Bélgica
|
0,3
|
PAIS
|
|||||
Uruguay
|
0,3
|
Estados Unidos
|
193.2
|
49.9
|
|||
Perú
|
0,2
|
Suiza
|
49.5
|
12.8
|
|||
Brasil
|
0,1
|
Reino Unido
|
31.8
|
8.2
|
|||
Finlandia
|
0,1
|
Holanda
|
26.3
|
6.8
|
|||
Japón
|
0,1
|
Otros hasta completar el total de países
|
387.4
|
100.0
|
|||
Liberia
|
0,1
|
||||||
Austria
|
0,1
|
||||||
Fondos argentinos externos
|
0,1
|
||||||
Total
|
100
|
||||||
Fuente: Martorell (1969)
|
|||||||
Impacto en la industria nacional
El
proceso aperturista al capital extranjero trajo aparejado una creciente
importancia de estos en el proceso de acumulación de capital en el sector
industrial. Estas firmas orientaron sus inversiones hacia la industria
automotriz y petroquímica principalmente, generando que estas actividades sean
quienes motoricen el crecimiento industrial. Este sector “(…) se caracteriza:
a) porque en comparación con las firmas competidoras de capital nacional, son
mayores sus tamaños de planta, la productividad su mano de obra, sus
coeficientes de importación, y su dotación de capital por hombre empleado; b)
porque su comportamiento tecnológico se basa en la incorporación de tecnologías
que, a pesar de no ser de frontera a escala internacional, sin duda son
novedosas en el mercado local (…); c) porque estas empresas se financiaron
fundamentalmente a través del ahorro nacional y porque su aporte neto de
divisas en el mediano plazo termina siendo negativo debido a que las
transferencias al exterior son mayores que los ingresos de capital efectuados”
(Katz/Kosacoff: 1989, 29). Este comportamiento generó en los hechos el
surgimiento de una estructura industria fuertemente desigual y desequilibrada,
demandante de mano de obra, con baja dotación de capital y tecnología, y
alojados en los rubros tradicionales. “El capital extranjero (…) en la práctica
se radicó en ramas de la industria con alta demanda derivada de importaciones.
Estas ramas –bienes durable de consumo, intermedios y algunos de bienes de
capital- se convirtieron entonces en dinámicas sin llegar, empero, a contagiar
su dinamismo al resto de la industria y menos al conjunto de la economía (…)
este sector moderno se caracterizó por un uso relativamente alto del factor
capital, que dio lugar a una elevada productividad pero escasa absorción de
mano de obra” (Gerchunoff y Llach: 1975, 5). Sin embargo, es también reconocible
que la inversión extranjera radicada durante el periodo contribuyó a estimular
la inversión de las empresas locales, las cuales actuaban como proveedores
local de las grandes empresas (autopartistas, insumos para la química y
petroquímica), donde los aumentos de la inversión bruta fija fueron
significativos.
Los
cambios en la estructura económica argentina de este periodo frente al enorme
ingreso de inversiones extranjeras demuestran la creciente extranjerización en
la industria. Como muestra el cuadro N°10, para el censo industrial de 1963 se
puede observar que, por un lado, la presencia de establecimientos de origen
extranjero aumenta en la medida en que estos emplean mayor cantidad de
trabajadores, con lo que el capital extranjero realizó emprendimientos capital
intensivos estableciendo grandes empresas. Las firmas extranjeras representan
un cuarto del valor agregado, desplazando a la producción nacional en los
grandes establecimientos. “De acuerdo al Censo Económico de 1963, casi el 50%
de la producción manufacturera realizada por empresas extranjeras correspondía
a establecimientos fundados a partir de 1958. Aunque, en términos cuantitativos,
la inversión extranjera directa fue una pequeña parte de la inversión
industrial (alcanzó un máximo del 13% en 1959), se concentró en áreas
estratégicas y se destinó en su mayor parte a la instalación de industrias
nuevas de tecnología compleja, lo cual implicó una efectiva incorporación de know how, con introducción de equipos
especializados y procesos modernos. El censo revela también que, para comienzos
de la década de 1960, el tamaño medio de las empresas extranjeras superaba muy
largamente al del conjunto de las firmas, con niveles de productividad que más
que duplicaban los de las empresas nacionales (Regalsky/Barbero: 2002, 140). Las
empresas extranjeras emplean solamente al 12% de la mano de obra industrial, a
raíz de la altísima productividad y el tamaño que generan una brecha enorme
entre el empresariado local con las empresas extranjeras radicadas en el país. Sin
embargo, estos altos niveles de productividad tienen un correlato negativo en
tanto que prevalezcan mercados monopólicos y oligopólicos puesto que, “a medida
que aumenta la concentración industrial los aumentos en productividad tienden a
ser distribuidos o como mayores beneficios en las industrias en que la
productividad sube, o alternativamente, como mayores salarios si los gremios
son suficientemente fuertes en las industrias exitosas como para inclinar a su
favor el mecanismo distributivo” (Katz: 1967, 70).
Con
respecto a los diferentes sectores, las empresas extranjeras tienen una
preponderancia en los sectores que involucran bienes de capital, como
maquinarias, material de transporte, así como industrias básicas como derivados
de petróleo, químicos. En ese sentido, las inversiones extranjeras tuvieron una
orientación clara y preponderante hacia donde fueron dirigidas sus inversiones.
Sourrouille afirma que “(…) las extranjeras (…) producen un tercio del valor
agregado industrial, son de un tamaño sustancialmente mayor al promedio de las
empresas nacionales, están ubicadas, por lo general, en mercados altamente
concentrados y han aumentado su producción en años recientes a un ritmo que
prácticamente duplica al de las empresas nacionales (…)”, y asimismo, estas
“(…) participan relativamente más en los sectores de mayor productividad media,
dentro de los cuales a su vez su promedio es superior” (Sourrouille: 1978, 6,
13). Además, durante el periodo de referencia, las empresas extranjeras
realizaron importantes inversiones de ampliación y de tecnificación que fueron
la base de los aumentos en la producción y en la productividad, “(…)todas las
plantas de más de mil personas ocupadas eran nuevas o habían tenido
ampliaciones sustanciales; sin excepción efectuaron radicaciones de capitales
al amparo del régimen de inversiones extranjeras sancionado en 1958 y han
tenido un comportamiento más exitoso (…) que el total del sector industrial y
el grupo de empresas nacionales de dimensión equivalente” (Sourrouille: 1978,
17). En este sentido, y en relación a los cambios de productividad por sector,
Jorge Katz plantea que “(…) industrias tales como petroquímica, papel, tabaco,
etc, obtuvieron tasas de acumulación de capital superiores al promedio del
sector industrial. En función de ello su productividad también creció más
proporcionalmente al resto de la estructura. (…) dichas industrias no
estuvieron obligadas por falta de presión competitiva a distribuir los aumentos
en productividad en favor de los consumidores (…)” (Katz: 1967, 71).
Cuadro 9. Industria Manufacturera. Datos básicos por tamaño de
establecimiento (1963)
PERSONAS OCUPADAS
|
||||||||
INDICADOR
|
HASTA 5
|
6 a 50
|
51 a 500
|
501 a 1000
|
1001 a 2000
|
2001 y más
|
Total
|
|
Establecimientos
|
(número)
|
|||||||
Total
|
109.002
|
30.608
|
3.106
|
161
|
61
|
27
|
142.995
|
|
Extranjeros
|
37
|
217
|
343
|
34
|
24
|
11
|
666
|
|
Nacionales
|
108.965
|
2.763
|
2.763
|
127
|
37
|
16
|
142.299
|
|
Valor agregado
|
(millones m$n)
|
|||||||
Total
|
47.583
|
126.250
|
204.776
|
56.418
|
58.722
|
44.463
|
539.402
|
|
Extranjeros
|
181
|
5.164
|
52.312
|
17.650
|
33.052
|
23.546
|
131.905
|
|
Nacionales
|
47.402
|
121.086
|
38.768
|
38.768
|
25.670
|
20.917
|
407.498
|
|
Ocupación
|
(Personas)
|
|||||||
Total
|
262.430
|
393.138
|
396.671
|
103.411
|
79.982
|
84.485
|
1.320.117
|
|
Extranjeros
|
123
|
5.100
|
47.307
|
24.987
|
33.446
|
37.625
|
158.558
|
|
Nacionales
|
262.307
|
388.038
|
339.364
|
78.424
|
46.536
|
46.860
|
1.161.529
|
|
Productividad (
VA/ocup.)
|
(millones m$n)
|
|||||||
Total
|
0,18
|
0,32
|
0,51
|
0,54
|
0,73
|
0,52
|
0,40
|
|
Extranjeros
|
1,47
|
1,01
|
0,91
|
0,71
|
0,99
|
0,63
|
0,83
|
|
Nacionales
|
0,18
|
0,31
|
0,45
|
0,49
|
0,55
|
0,45
|
0,35
|
|
Tamaño (VA/
establec.)
|
(millones m$n)
|
|||||||
Total
|
0,4
|
4,1
|
65,9
|
350,4
|
962,7
|
1.646,8
|
3,8
|
|
Extranjeros
|
4,9
|
23,8
|
152,5
|
519,1
|
1.377,2
|
2.140,5
|
198,1
|
|
Nacionales
|
0,4
|
4,0
|
55,2
|
305,2
|
693,8
|
1.307,1
|
2,9
|
|
Fuente: Sourrouille,
Kosacoff, Lucangeli (1985) estimaciones basadas en el Censo Industrial de 1963.
En
el cuadro N° 12, podemos observar la evolución del PBI industrial en distintos
periodos diferenciado por ramas. Tanto en las ramas vegetativas como en las intermedias, para el periodo analizado el
PBI decreció. En cambio, para las industrias más dinámicas el crecimiento fue
bajo en relación a los periodos anteriores[2].
Esta situación se debió fundamentalmente a los enormes problemas económicos que
hubo en el periodo, producto de profundos desequilibrios en la balanza
comercial, problemas inflacionarios, etc.
Cuadro 10.
Industria manufacturera, 1963. Participación de las empresas extranjeras en la
producción.
Agrupaciones
|
Número de establecimientos
|
Establecimientos extranjeros
|
Total de establecimientos.
Participación de la producción total
|
||
Participación en la producción
|
|||||
Extranjeros
|
Total
|
De la agrupa- ción
|
Del total extranjero
|
||
Alimentos
|
99
|
18.766
|
19,3
|
18,4
|
23,8
|
Bebidas
|
27
|
6.966
|
22,7
|
3,5
|
3,9
|
Tabaco
|
12
|
177
|
67,4
|
5,0
|
1,9
|
Textiles
|
35
|
5.764
|
6,9
|
4,2
|
10,6
|
Químicos
|
8
|
1.968
|
58,3
|
4,2
|
1,8
|
Caucho
|
196
|
2.961
|
46,9
|
14,3
|
7,6
|
Derivados del petróleo
|
6
|
128
|
37,5
|
9,4
|
6,3
|
Minerales no metálicos
|
17
|
9.923
|
17,6
|
2,2
|
3,1
|
Ind. Metálicas básicas
|
21
|
1.350
|
25,6
|
5,2
|
5,1
|
Productos metálicos
|
49
|
16.664
|
9,5
|
1,7
|
4,5
|
Maquinaria
|
61
|
7.103
|
34,9
|
6,5
|
4,7
|
Maquinaria y aparatos eléctricos
|
37
|
4.574
|
33,4
|
4,1
|
3,1
|
Material de transporte
|
44
|
26.997
|
48,7
|
19,5
|
10,1
|
Total
|
666
|
143.057
|
25,1
|
100,0
|
100,0
|
Fuente:
Sourrouille (1978)
En
tanto balance del periodo, Frondizi generó un nuevo impulso a un sector
industrial con fuerte presencia del capital extranjero en las industrias
dinámicas, capital intensiva y de baja incorporación de mano de obra. Esto a su
vez implicó la incorporación del capital transnacional en la estructura
económica argentina. Con respecto a las transformaciones adoptadas, Llach
reconoce los límites de este programa económico pero plantea una visión
optimista al respecto del periodo, pese a los enormes costos generados en
materia de desequilibrios macroeconómicos, según él “la política de Frondizi
fue exitosa en cuanta al desarrollo de las industrias de insumos básicos en el
país. Pero por este camino se renunciaba, una vez más, a cualquier alternativa
de especializar a la industria argentina en los rubros que le fueran más
ventajosos y, mediante esta nueva vuelta de tuerca del proteccionismo al revés,
se limitaban seriamente las posibilidades de la manufactura de bienes finales,
incluyendo los bienes de capital. Por otro lado, el afán sustitucionista incluía
también a la industria automotriz. Aquí se cometieron verdaderos desatinos,
llegándose a instalar en el país veinte fábricas o armadurías de automóviles en
un mercado que permitía economías de escala para sólo un par de ellas. Esta
industria fue decisiva para el crecimiento manufacturero de los años de
Frondizi, ya que contribuyó con el 77,7% del total del crecimiento industrial
entre 1958 y 1961” (Llach: 2002, 102).
Cuadro
11.Evolución del producto bruto industrial
|
|||||
Tasas de crecimiento anuales
acumulativas (en %)
|
|||||
1950-58
|
1958-64
|
1964-66
|
1966-72
|
1950-72
|
|
Alimentos, bebidas y tabaco
|
3,3
|
0,2
|
6,8
|
3,5
|
2,8
|
Textiles, confecciones y cuero
|
2,3
|
-2,2
|
5,7
|
3,2
|
1,6
|
Madera y muebles
|
4,4
|
-0,6
|
8,9
|
2,2
|
2,8
|
Total Vegetativas
|
2,9
|
-0,8
|
6,4
|
3,3
|
2,3
|
Papel, imprenta, publicaciones
|
5,7
|
-2,4
|
12,1
|
5,5
|
3,7
|
Minerales no metálicos
|
2,8
|
-0,2
|
13,4
|
6,8
|
3,7
|
Total Intermedias
|
4,3
|
-1,4
|
12,7
|
6,2
|
3,7
|
Productos químicos, petróleo
|
7,7
|
6,0
|
8,3
|
8,7
|
7,5
|
Industrias metálicas básicas
|
13,6
|
7,7
|
-0,3
|
12,0
|
10,2
|
Productos metálicos, maquinarias y equipo
|
10,5
|
6,9
|
7,3
|
8,7
|
8,7
|
Total dinámicas
|
9,7
|
6,7
|
6,8
|
9,0
|
8,4
|
Otras industrias
|
1,9
|
0,6
|
3,8
|
5,3
|
2,6
|
Total manufactura
|
5,3
|
2,6
|
7,0
|
6,8
|
5,2
|
Fuente:
Azpiazu, Bonvecchi, Khavisse y Turkieh (1976)
Existe
un debate en torno al rol de las industrias vegetativas durante el periodo. Según
el planteo de Azpiazu, Bonveccchi, Khavisse y Tukieh, la industria vegetativa
no ha generado crecimiento sino hasta después de 1964 a 1966 donde han
contribuido de manera significativa y superior al promedio histórico (1976).
Sin embargo, en las antípodas de este debate, Gerchunoff y Llach plantean que
“las ramas vegetativas, además de crecer en todos los casos por encima del
promedio del periodo (…) se colocaron holgadamente por encima del crecimiento
de la población. Por supuesto, estas industrias crecieron menos que el promedio
de la industria; pero el fenómeno es suficiente para concluir que en la elevación de la tasa de crecimiento
del conjunto de la industria durante el periodo iniciado en 1964 jugaron un
papel decisivo las industrias vegetativa” (Gerchunoff y Llach: 1975, 11).
Cuadro
12 .Valor agregado industrial: Tasas
de crecimiento anual de las distintas ramas, 1951-1971
|
|||||
1951-58
|
1958-64
|
1964-71
|
1951- 71
|
||
Alimentos
|
2,9
|
0,3
|
3,8
|
2,5
|
|
Bebidas
|
4,5
|
6,1
|
5,8
|
5,5
|
|
Tabaco
|
2,5
|
1,9
|
3,3
|
2,6
|
|
Textiles
|
1,6
|
0,04
|
4,4
|
2,1
|
|
Calzado y confecciones
|
0,8
|
-3,4
|
2,0
|
-0,1
|
|
Madera
|
3,5
|
0,2
|
4,9
|
3
|
|
Muebles
|
6,4
|
-0,4
|
3,5
|
3,3
|
|
Cuero
|
4,1
|
-4,3
|
4,5
|
1,7
|
|
Ramas Vegetativas
|
2,6
|
0,4
|
4,1
|
2,4
|
|
Papel
|
7,7
|
1,3
|
7,5
|
5,7
|
|
Imprentas y editoriales
|
3,5
|
-0,8
|
6,4
|
3,2
|
|
Minerales no metálicos
|
1,9
|
2,3
|
9,0
|
4,5
|
|
Ramas Intermedias
|
3,7
|
1,1
|
7,9
|
4,4
|
|
Caucho
|
3,4
|
6,2
|
7,7
|
5,7
|
|
Química
|
7,3
|
5,7
|
10,2
|
7,8
|
|
Derivados del petróleo y carbón
|
6,6
|
6,5
|
7,0
|
6,7
|
|
Metalúrgica básica
|
12,7
|
8,3
|
9,3
|
10,2
|
|
Otros metales, excluido maquinarias
|
5,3
|
4,9
|
8,2
|
6,2
|
|
Maquinaria no eléctrica
|
17,5
|
2,3
|
9,4
|
9,9
|
|
Maquinaria eléctrica
|
16,5
|
6,1
|
7,9
|
10,3
|
|
Material de transporte
|
8,7
|
14,4
|
8,6
|
10,3
|
|
Ramas dinámicas
|
9,1
|
7,2
|
9,4
|
8,6
|
|
Industrias varias
|
11,1
|
7,4
|
8,3
|
9,0
|
|
Producción artesanal
|
0,9
|
-0,1
|
4,0
|
1,6
|
|
Total industria (sin artesanado)
|
5,3
|
3,8
|
7,0
|
5,4
|
|
Total industria (con artesanado)
|
5,1
|
3,7
|
7,0
|
5,3
|
|
Fuente:
Gerchunoff y Llach (1975)
Los
sectores más beneficiados
Como
fuera expuesto anteriormente, hubo diversas ramas que se vieron beneficiadas
por la entrada del capital extranjero que se radicó en ellas. Fundamentalmente
estamos hablando de las industrias automotriz, química, petroquímica,
metalúrgica quienes concentraron la mayor parte de las inversiones realizadas
en el periodo por los capitales extranjeros.
El
caso del sector automotriz fue la expresión más importante del periodo dado su
enorme dinamismo. Luego de sancionada la Ley N°14789, el Poder Ejecutivo
realizó el Decreto N°3693 reglamentando el régimen en la rama automotriz y a
partir de allí autorizó numerosos emprendimientos, “El efecto del nuevo régimen
fue explosivo. La producción (…) pasó de unas 33.000 unidades en 1959, que eran
aportadas por IKA, a 200.000 en 1965” (Schvarzer: 1996, 223). Justamente por
ello, su aporte al PBI industrial fue trascendental, “ésta aporta más del 30%
del incremento en el producto interno bruto manufacturero en el intervalo
(1958-19658) (78% en 1958-1961) y aumenta su participación en el producto
interno bruto en 7 puntos” (Heymann: 1980, 34). Estas características
convierten al sector industrial como el de mayor dinamismo en el periodo,
cuestión que se prolongará más allá de esta etapa y que seguirá impactando
fuertemente en los años venideros.
Cuadro
13. Producción de automotores expresado en unidades
Años
|
Particulares
|
Comerciales
|
Total
|
1958
|
13.273
|
15.617
|
29.890
|
1959
|
24.792
|
7.665
|
32.457
|
1960
|
49.519
|
38.743
|
88.262
|
1961
|
84.501
|
49.917
|
134.418
|
1962
|
93.873
|
34.695
|
128.568
|
1963
|
79.478
|
26.342
|
105.820
|
1964
|
119.005
|
47.382
|
166.387
|
1965
|
141.114
|
55.640
|
196.754
|
Fuente:
Rapoport (2006)
El
sector químico fue otro de los sectores en donde se radicaron fuertemente los
capitales extranjeros, fundamentalmente en la producción de sustancias químicas
industriales, donde la fabricación de fibras para los hilados sintéticos es la
que encabeza la producción, “(...) el avance de la química básica permitió que
surgieran empresas de química fina y farmacéutica; en estas áreas se podía
encarar la tarea productiva con baja inversión en equipos y mucho esfuerzo
técnico, acorde con la relativa disponibilidad de ambos factores en el mercado”
(Schvarzer: 1996, 225). Este proceso de sustitución de importaciones no estuvo
marcado por la satisfacción de una demanda comprimida a la que las nuevas
empresas vinieron a satisfacer sino que las consecuencias en este sector fueron
bastante más negativas en la articulación con los productores locales ya que fuero
desplazados de la producción de insumos básicos, dado que “(…) las nuevas
condiciones de producción del sector, dependiente en gran medida de
importaciones de insumos básicos, tuvo como consecuencia una efectiva
disminución del mercado para los industriales” (Sourrouille: 1978,29).
Cuadro
14. Volumen físico de la producción sustancias químicas y productos químicos;
derivados del petróleo y del carbón, caucho y plástico 1958/ 1962(series
trimestrales y desestacionalizadas) (Índice base 1960= 100)
Periodo
|
Trim. I
|
Trim. II
|
Trim. III
|
Trim. IV
|
TOTAL
|
1958
|
92,6
|
97,2
|
98,2
|
96,9
|
384,9
|
1959
|
92,8
|
93,9
|
93,0
|
89,6
|
369,3
|
1960
|
96,1
|
94,1
|
100,8
|
109,0
|
400
|
1961
|
108,8
|
113,9
|
114,4
|
116,0
|
453,1
|
1962
|
127,0
|
115,1
|
108,9
|
114,4
|
465,4
|
Fuente:
Heymann (1980)
La
política hacia el sector petrolero fue de lo más controversial del gobierno de
Frondizi y tuvo que asumir costos políticos, fundamentalmente de sectores del
peronismo que apoyaron su llegada a la presidencia. El problema del déficit
petrolero y la necesidad de lograr el autoabastecimiento llevaron a lo que se
denominó la Batalla del Petróleo. Consciente del problema, Frondizi y Arturo
Sabato (quien designo al frente de YPF) llevaron adelante una política agresiva
hacia el sector que generó numerosos conflictos. Esta política partió de sancionar
la Ley N° 14773 donde se nacionalizaba los yacimientos de petróleo y gas,
declarándose la necesidad de lograr la meta del autoabastecimiento. Para lograr
este fin, Frigerio se encargó de atraer inversiones para YPF y se firmaron
contratos con las empresas norteamericanas Pan American, Banca Loeb y Tennesse,
así como también se realizó un acuerdo comercial con la URSS para la compra de
maquinaria. Tales situaciones llevaron a la perdida de la condición cuasi
monopólica de YPF, pero que, pese a ello, la política de Frondizi logró el
autoabastecimiento de combustibles. “Cuando hacia 1962 casi se logró el
autoabastecimiento de crudo, las empresas privadas contribuían con
aproximadamente el 30% de la producción, lo que significaba que YPF extraía el
70% restante. La producción total de petróleo de 1962 fue de 15,6 millones de
m3, frente a 5,7 millones para 1957, de la cual YPF le correspondían 10,4
millones, es decir, más del doble del total alcanzado cuatro años antes. La
inversión extranjera global en el sector petrolero entre 1959 y 1963 llegó a
200 millones de dólares” (Rapoport: 2006, 461).
Gráfico
2. Producción de petróleo (en millones de m3)
Fuente:
Rapoport (2006)
Asimismo,
la industria siderúrgica, metalúrgica y metalmecánica se vieron impulsadas
fuertemente en este periodo. La inauguración de SOMISA, un emprendimiento del
gobierno peronista para desarrollar la industria siderúrgica que fue inaugurado
en 1960. Asimismo, se inauguró el alto horno de San Nicolás de los Arroyos
perteneciente a SOMISA triplicando la producción de acero en tres años (ver
gráfico 3).
Cuadro
15. Volumen físico de la producción de las industrias metalmecánicas
(exceptuando la automotriz) 1958/ 1962 (series trimestrales y
desestacionalizadas) (Índice base 1960= 100)
Periodo
|
Trim. I
|
Trim. II
|
Trim. III
|
Trim. IV
|
TOTAL
|
1958
|
92,5
|
96,4
|
100,9
|
101,4
|
391,2
|
1959
|
91,7
|
97,2
|
66,7
|
95,8
|
351,4
|
1960
|
97,7
|
100,4
|
101,4
|
100,6
|
400,1
|
1961
|
105,0
|
109,5
|
113,1
|
106,4
|
434,0
|
1962
|
106,9
|
103,4
|
88,9
|
86,0
|
385,2
|
Fuente:
Heymann (1980)
Gráfico
3. Producción de acero (en millones de toneladas)
Conclusión
El
gobierno de Arturo Frondizi se inscribió en una etapa política profundamente
asediada por conflictos políticos y limitaciones estructurales en el modelo
económico. La necesidad de dar un salto cualitativo para generar una nueva
etapa en el proceso de sustitución de importaciones desarrollando industrias de
bienes intermedios y de capital fue el desafío de la época. Una mirada de
perspectiva a futuro de mucha claridad de aquella conducción política. Sin
embargo, la introducción del capital extranjero en la estructura económica
argentina trajo enormes inconvenientes económicos y problemas políticos de
diversa índole.
La
caída del peronismo claramente significó un cambio de época en materia de
inversiones extranjeras. Pese a su tibia política aperturista para finales del
segundo gobierno de Perón, con la sanción de la Ley N° 14222, los verdaderos
cambios comenzarán a verse recién durante la Revolución Libertadora. De la
misma manera podía verse desde los EEUU, el documento elaborado por Henry
Laurant de una consultora norteamericana así lo expresa tajantemente “(…) los
gobiernos argentinos posteriores a 1955 han mostrado una actitud positiva hacia
la inversión extranjera en el país. Más aún, se han tomado medidas concretas a fin
de ofrecer incentivos para atraer inversores” (Sikkink: 2009, 117).
Los
más de 500 millones de dólares que ingresaron al país en materia de
inversiones, la construcción de enormes polos industriales y numerosas
industrias dirigidas por empresas transnacionales nos hace confirmar la
hipótesis de que durante este periodo la industria nacional incrementó
exponencialmente su grado de extranjerización. Este cambio sustancial implicó
la introducción de un nuevo sujeto político en la estructura económico-social
argentina, el capital transnacionalizado de origen norteamericano que, al
introducirse en el país, se transformó en un actor de peso en la escena
política, con un alto grado de preponderancia como una fracción importante de
las clases dominantes de Argentina.
Asimismo
no es menor el lugar en el que se fueron alojando estas inversiones. Su enorme
dotación de capital y tecnología las llevaron a introducirse en sectores
dinámicos que les permitieron desarrollar un proceso de acumulación de capital
a gran escala con altísimos niveles de productividad. Esto generó una brecha
impresionante con los sectores del capital nacional, quienes tuvieron que
resignarse a ser meros proveedores de estos, sin la más mínima capacidad de
competir. La concentración económica fue otra de las consecuencias de la
apertura indiscriminada a las inversiones extranjeras, lo que tuvo como
correlato la formación de capitales monopólicos y oligopólicos en las diferentes ramas de la industria.
El
anterior proyecto del nacionalismo económico que impulsó el peronismo, tuvo una
burguesía nacional con una enorme incapacidad de desarrollar un proceso de
acumulación que le permitiera generar una formación de capital tal como para
desarrollar los enormes emprendimientos productivos requeridos para lograr un
salto en el proceso industrializador. Esta característica fue común en la
región en donde “La protección elevada e indiscriminada, así como la presencia
masiva de empresas transnacionales es, mucho más, una expresión de la debilidad
del sector empresarial nacional (…) si se acepta la hipótesis de la objetiva
debilidad del sector empresarial nacional, la apertura pura y simple puede
traducirse en el retorno a una situación en que las empresas nacionales se
ocupen de actividades no expuestas al comercio internacional” (Fajnzylber: 1984,
145), por lo que “la masiva presencia de empresas extranjeras en torno a 1960
aparece claramente asociada a la explotación de un mercado interno protegido de
la competencia externa tanto por las barreras arancelarias como por un
mecanismo de discriminación que requería de la autorización especial para cada
caso de nueva radicación” (Sourrouille: 1978, 25). Esto se vio condicionado por
una situación externa en donde la estrategia de los populismos de trasladar los
excedentes de renta agraria hacia el sector industrial se vieron limitados por
la caída de los precios internacionales de los productos primarios, lo que
llevó a las posturas desarrollistas a plantear una estrategia aperturista
frente a la incapacidad para canalizar el ahorro interno.
Con
respecto al caso de la industria automotriz en particular, esta fue el
principal motor del crecimiento industrial en el periodo, “la expansión
automotriz de finales de la década del cincuenta y principios de la del setenta
revela un fuerte componente de desequilibrio y búsqueda de rentas oligopólicas
por parte de distintos grupos empresarios y la incapacidad del Estado Nacional
de ‘arbitrar’ entre ellos en función de algún modelo de ‘convivencia social’”
(Katz/ Kosacoff: 1989, 56). Este fomento de automotriz también traería cambios
no solo en la matriz industrial sino que impactaría socialmente, generando la
masividad del automotor como medio de transporte de masas, a lo que hay que
sumarle el comienzo de la destrucción del ferrocarril a partir del Plan Larkin.
El
nuevo ciclo de crecimiento industrial correspondiente a la segunda fase de la
industrialización por sustitución de importaciones generó cambios estructurales
significativos en la matriz productiva. La necesidad de avanzar en la
producción de bienes intermedios y bienes de capital derivó en la estrategia
aperturista ligada a la introducción del capital extranjero y de las empresas
transnacionales fundamentalmente estadounidenses. Este proceso indiscriminado y
cuasi compulsivo terminó generando una industrialización del tipo dependiente
de los centros del poder económico mundial, en donde la concentración y
extranjerización industrial fueron las características más sobresalientes de
ésta. Si bien la estrategia desarrollista planteaba la autarquía económica como
meta, sus resultados terminaron siendo totalmente diferentes. El capital
transnacionalizado terminó siendo un sujeto de presión económico-político al
interior de las clases dominantes argentinas con capacidad de imposición de
políticas económicas que les fueran favorables.
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Ley de Promoción
Industrial N° 14781/ 58
Ley de Garantía a las Inversiones Extranjeras N° 15803/ 61
http://www.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/200000-204999/203742/norma.htm
[1]
Ver Rostow (1970).
[2] “Las Ramas
tradicionales eran llamadas ‘vegetativas’ porque seguían el lento aumento de la
población una vez cubierto el mercado interno. Las nuevas, en cambio, eran
llamadas ‘dinámicas’ porque se las suponía capaces de crecer con ritmo rápido y
duradero.” (Schvarzer: 1996, 224)
*PONENCIA A PRESENTARSE EN LAS IV Jornadas de Historia de la Industria y los Servicios. FCE-UBA AGOSTO 2013