lunes, 29 de julio de 2013

Impacto de la IED en la industria Argentina durante el desarrollismo (1958-1963)*.

Por Sebastián Serra 
INTRODUCCIÓN
            En el presente trabajo buscaré analizar los impactos del capital extranjero en la industria Argentina. Durante el gobierno de Arturo Frondizi se desarrolló una política económica orientada a la atracción de capitales de origen foráneo para poder generar un salto cualitativo en la industria, teniendo como objetivo primordial lograr un incrementó en la producción y una mejora en los niveles de productividad.
            Este proceso se enmarca en una necesidad inherente de la industria Argentina de desarrollar una industria pesada de bienes intermedios y de capital. Esto se da frente al agotamiento de lo que se denominó la primera etapa de la industrialización por sustitución de importaciones. Esta etapa se caracterizó por el progresivo crecimiento de una industria liviana más bien ligada a los bienes de consumo. Este tipo de industrialización comenzó a manifestar límites y desequilibrios estructurales de carácter cíclico en la balanza de pagos producto del deterioro de los términos de intercambio y el estancamiento pampeano, a raíz de un nivel de precios cada vez más bajo de las materias primas. 
            El desarrollismo entonces buscó generar un nuevo ciclo industrializador impulsando a las industrias pesadas. Este objetivo se veía obturado por la necesidad de dos elementos claves para lograrlo: capital y tecnología. Esta necesidad llevó a los implementadores del programa desarrollista a buscar inversiones extranjeras que pudieran desembolsar enormes cantidades de capital y además posean el know how necesario para llevar adelante enormes emprendimientos productivos.  Por lo tanto, ese  ingreso masivo de inversiones extranjeras generó un proceso de concentración y extranjerización en la estructura productiva que, si bien mejoró notablemente los niveles de producción y productividad en la industria, derivó también en la profundización de una matriz productiva basada en la dependencia económica (fundamentalmente estadounidense), por lo que generó mayores desequilibrios en el balance de pagos produciendo el agudizamiento de los ciclos de stop and go.   

El gobierno de Frondizi
            Para la llegada de Arturo Frondizi a la presidencia en 1958 el país se encontraba en dificultades económicas frente a una estructura económica fuertemente desequilibrada, con una producción agropecuaria estancada producto del deterioro de los términos de intercambio, con una balanza comercial deficitaria, con un sector energético incapaz de cubrir con la demanda industrial, con una infraestructura profundamente deteriorada y con una creciente inflación.
Según el diagnóstico de los sectores desarrollistas, el país se encontraba en el subdesarrollo por “(…) la incapacidad de lograr la expansión autosostenida de las fuerzas productivas con un ritmo suficiente como para cerrar la brecha que existía frente a los países considerados desarrollados. Las estructuras económicas del país no permitían una alta tasa de acumulación de capital, que se agravaba por el constante deterioro de los términos de intercambio (DTI) originado en el bajo valor agregado de las exportaciones frente a importaciones con un valor agregado creciente y por el manejo discrecional de los precios por parte de los monopolios (…) La creciente transferencia de valor por medio del DTI era signada por como la causa de la inflación y del persistente déficit comercial que afectaban a la Argentina, y no podían ser derrotados, entonces, sino por medio de una política de desarrollo” (Rapoport: 2006, 456). Los sectores desarrollistas, por lo tanto, seguían la idea de desarrollo según la visión planteada por Truman y teorizada por Rostow[1]. El desarrollo en Argentina entonces debía recorrer las mismas etapas que en los otros países que ya llegaron a ese estadio, haciendo imprescindible tomar el mismo camino aplicando las mismas políticas que fueron aplicadas en estos, usándolos como espejos en donde reflejarse.

Cuadro 1. Balanza comercial (en millones de pesos de 1960)
Año
Importaciones
Exportaciones
Saldo
Relación Export./PBI
1954
834,9
866,8
31,9
10,9
1955
1.003,7
780,7
-223
8,9
1956
897,6
895,5
-2,1
10
1957
1.001,4
945,7
-55,7
10
1958
1.044,7
974,4
974,4
9,7
Fuente: Rapoport (2006)
Frente a este diagnóstico, los intelectuales desarrollistas pretendían desarrollar fuertemente las industrias siderúrgica, energética, química, petrolera, así como también mejorar la productividad del sector agropecuario, de la industria automotriz y mejorar la infraestructura en el transporte.
Sin embargo, esta estrategia generaba una disyuntiva en cuanto a la estrategia a realizar estos fines. La necesidad de contar con enormes masas de capital para poner en marcha inversiones de gran escala eran una traba importante para la generación de este proyecto político. Según Frigerio, el principal colaborador de Frondizi, “Aparecen, entonces, dos caminos para la acumulación: a) una restricción drástica de los consumos, para disponer de mayores excedentes de exportación e incrementar el ahorro interno, lo que equivale a la instauración de un gobierno de fuerza, que aplaste todo brote de lucha reivindicativa, cosa poco menos imposible a esta altura de la civilización. b) la colocación del capital extranjero (…) El capital extranjero tiene hoy dos significados: uno, como contribución para acelerar el desarrollo de los sectores básicos; en este sentido su papel vinculado al problema del ritmo. Otro, como adquisición de las técnicas modernas, es decir, como posibilidad de superar las etapas que debieron recorrer los países capitalistas “antiguos”. (Frigerio: 1967, 24)
Pero para esto había que canalizar el ahorro interno para generar inversión. Esto solo podía llevarse a cabo mediante el desincentivo al consumo, lo que a su vez también tendría problemas políticos y sociales importantes frente al cambio generado luego de la experiencia peronista, en donde frente a una contracción de la demanda (y por ende, de sus ingresos) los trabajadores no iban a quedarse inertes. Frente a esta situación, el gobierno privilegio atraer inversiones extranjeras para suplir esta falta de capitales, apostando a canalizar el ahorro externo, que permitía hacer frente a los ambiciosos desafíos de este programa económico y buscando evitar la confrontación con los sectores políticos y sociales, fundamentalmente con el sindicalismo peronista. El capital extranjero entonces jugaría el rol de constructor de infraestructura y de industria pesada, generando mayores capacidades productivas, en el corto plazo traería desequilibrios en la balanza comercial pero en el largo generará una robusta estructura industrial.
La estrategia aperturista se desarrolló mediante la sanción de dos leyes en 1958. La primera fue la Ley N°14780 de radicación de los capitales extranjeros y la Ley N° 14781 de promoción industrial. La primera tenía como objetivo fomentar la inversión extranjera directa en el país igualando las condiciones del capital extranjero con el nacional, liberando la posibilidad de remisión de utilidades, posibilidad para repatriación del capital, liberalización de derechos aduaneros, así como reducciones impositivas o incluso exenciones, facilidad crediticia, en donde todas quedaban a criterio del Poder Ejecutivo Nacional. Por otro parte, la segunda ley buscaba generar un proceso de descentralización industrial. Para ello creó el Consejo Nacional de Promoción Industrial que se vincularía con la Secretaria de Estado de Industria y Minería; pese a ello, hubo muchos inconvenientes en su implementación dado que recién fue reglamentada en 1961. Sin embargo, para la lógica desreguladora del capital en general, y del extranjero en particular, la ley 14780 era insuficiente para seguir incrementando las radicaciones de capital. Por lo tanto, y a instancias del poder norteamericano, se sanciono la ley 15803 de garantía de las inversiones reglamentada en junio de 1961 por decreto. Esta ley “(…) establece las normas de funcionamiento de las garantías de inversiones norteamericanas de acuerdo al convenio de 1959 que ratifica. Conforme al artículo 1°) los gobiernos argentino y norteamericano, se consultarán a petición de cualquiera de ellos, con respecto a los proyectos de inversión norteamericanos que se hagan en nuestro país, con pedido de garantías” (Martorell: 1969, 101). Asimismo en el artículo 3, se establecía que “Si el gobierno de los Estados Unidos de América efectúa pagos en dólares a cualquier persona en razón de la garantía mencionada, el gobierno argentino reconocerá la transferencia al gobierno de los Estados Unidos de América de cualquier dinero o crédito por cuenta de los cuales se efectúa el pago, y la subrogación en favor del gobierno de los Estados Unidos de América de cualquier derecho, titulo, reclamación, o causa de acción que exista en relación a los mismos”. Y en su artículo 4 afirma que “Cualquier suma en moneda argentina adquirida por el gobierno de los Estados Unidos de América conforme a las transferencias y subrogaciones señaladas en el artículo anterior gozará de trato no menos favorable que el acordado en la República Argentina a los fondos privados provenientes de transacciones de nacionales de los Estados Unidos de América que sean comparables a las transacciones cubiertas por tal garantía. Estas sumas serán libremente disponibles por el gobierno de los Estados Unidos de América para gastos administrativos en la Argentina”.
En términos de ideológico-económicos, los sectores desarrollistas planteaban un cambio de perspectiva frente a la dicotomía capital nacionales vs capitales extranjeros. Este cambio de paradigma se planteó como resultado de una búsqueda de superación del nacionalismo económico arraigado durante décadas. En este sentido, ahora se pregonaba una nueva dicotomía basada en la oposición entre “capitales transformadores de la estructura productiva versus capitales que conservaran la condición de subdesarrollo” (Rapoport: ,457). Esto implicaba el abandono de la estrategia pergeñada durante el proyecto peronista de construir una burguesía nacional y con vocación industrializadora.
Por otro lado, también en diciembre de 1958 se llevó adelante el acuerdo de Stand by con el FMI, quien comenzó a tener injerencia en las políticas económicas que se empezaron a llevar adelante. El Gobierno de Frondizi estableció con ellos una serie de compromisos como “(…) la elevación de los efectivos mínimos bancarios al 60%, la cancelación de las financiaciones hipotecarias para la vivienda, la restricción del financiamiento del déficit fiscal por el Banco Central, la eliminación de la mayoría de los controles de precios que aún quedaban, el cese de restricciones cuantitativas al comercio y una fuerte devaluación para que el peso alcanzara su nivel en un mercado libre de cambios.”(Ferrer: 1974, 241). Las políticas del FMI de corte ortodoxo se basaban en que existía un exceso de demanda producto de los altos salarios, lo que generaba inflación y problemas de déficit en la balanza comercial. Para ello, había que ejecutar una política de restricción al consumo de las clases populares para poder estabilizar las variables macroeconómicas impulsando una devaluación lo que generó “(…) una fuerte traslación de ingresos al sector rural y en el curso de 1959 los precios de la carne subieron en 250% (…) y la liberalización de controles de precios, generaron un aumento de precios (…)” (Ferrer: 1974, 242). Basualdo plantea que el supuesto del FMI acerca del exceso de demanda “ignoraba que en realidad había capacidad ociosa y que la principal restricción se encontraba en la escuálida oferta de bienes exportables (agropecuarios) (…) mediante la restricción de la demanda interna por la reducción del gasto estatal y los salarios, se generaban tendencias recesivas con una marcada concentración del ingreso en manos de los sectores oligopólicos industriales y la oligarquía agropecuaria”(Basualdo: 2010, 56).
Como muestra el cuadro N° 2, durante el periodo hubo un incremento sustancial en la inversión bruta interna fija producto de la apertura inversora generando un shock de inversión. Sin embargo, como muestra el cuadro N° 3, los indicadores macroeconómicos demuestran que en el corto y mediano plazo hubo un deterioro en el balance de pagos y una profundización del déficit de balanza comercial impulsado por el incremento de las importaciones, fundamentalmente en materia de equipos y máquinas para inversiones, así como los incrementos en la remisión de utilidades.
Cuadro 2. Inversión Bruta Interna Fija (en millones de pesos moneda nacional)
Año
IBIF
IBIF/PBI
1957
1.595,0
18,5
1958
1.738,5
19,0
1959
1.375,5
16,0
1960
2.079,1
22,5
1961
2.423,7
24,5
1962
2.207,2
22,6
1963
1.807,3
19,7
Fuente: Rapoport (2006)
Las políticas económicas de apertura lograron un importante crecimiento de la inversión en los primeros años de la década del ’60. Asimismo los ingresos de capital en el mediano plazo generaron fuga de capitales mediante el concepto de remisión de utilidades y el incremento de las importaciones agravaron  el problema de déficit de la balanza de pagos y balanza comercial generando una nueva crisis cíclica; “el sector externo entró nuevamente en crisis bajo el efecto de un bajo nivel de exportaciones, el peso creciente del endeudamiento externo y una creciente falta de confianza en la estabilidad del peso” (Ferrer: 1974, 243). La caída de Frondizi frente a un golpe militar llevó a la aplicación nuevamente de políticas de ajuste impulsadas por el FMI y los sectores liberales, como los ministros de economía Alsogaray y Martínez de Hoz, en donde “(…) se adoptó una política monetaria extremadamente restrictiva; el tipo de cambio fue liberado una vez más para encontrarse su nivel propio, y se tomaron otras medidas con el objetivo de purgar a la economía del ‘exceso de demanda’ y restringir la fuga de capitales. El producto bruto interno real per cápita y el consumo personal descendieron a su más bajo nivel en los últimos diez años” (Mallon/ Sourrouille: 1976, 35).
Cuadro 3. Saldos balanza de pagos y balanza comercial 1959-1962 (en  millones de dólares)
Rubro
1959
1960
1961
1962
Exportaciones
1009
1072
964
1260
Importaciones
-993
-1249
-1460
-1357
Balanza comercial
16
-177
-496
-141
Servicios (neto)
-2
-20
-76
-128
Capital (neto)
A corto plazo
75
223
278
-186
Otros*
34
125
133
127
Cambios en reservas
123
150
-161
-328
Fuente: Mallon/ Sourrouille (1976).

Inversiones Extranjeras durante el periodo
Apoyadas por un contexto internacional favorable y por los cambios en materia legislativa, comenzó un proceso de sostenido ingreso de inversiones extranjeras que se empezaron a insertar en los principales resortes de la economía Argentina. Esto produjo un cambio en la estructura económica y un claro quiebre con el modelo anterior basado en el nacionalismo económico y la estrategia de construcción de un empresariado nacional, industrialista, ligado al mercado interno.
En el cuadro N° 4 y el gráfico N° 1, se puede observar el salto que implicó en materia de ingreso de capitales externos. Durante el periodo 1958/62 el ingreso neto de capital se duplicó en relación al periodo de Perón en el gobierno. Este salto recién volvió a repetir durante el gobierno de Onganía quien también desarrollo una política aperturista. Lo importante a destacar de este periodo es que marcó un cambio en materia de inversión extranjera, a partir de que le fuera proporcionada una serie de garantías para el desarrollo de un proceso de acumulación ampliada de capital, asegurándole una alta tasa de ganancia y la posibilidad de poder remitir a las casas matrices el total de sus utilidades e incluso el total del capital invertido. Asimismo, la reinversión de utilidades se caracterizó por su decrecimiento permanente desde el periodo de Frondizi en adelante, síntoma de que el sector industrial se veía desincentivado a reinvertir sus utilidades producto de las condiciones de inestabilidad de la economía argentina.
Cuadro 4. Inversión extranjera por periodos y total 1946/1965
(en miles de
u$s de 1983)
Periodo
Ingreso
Repatriación
Ingreso
Utilidades
Dividendos
Reinversión
Incremento
 de capital
de capitales
Neto de Capital
Totales
en efectivo
de utilidad
en la inversión bruta
-1
-2
(3)= (1) - (2)
(4)= (5) + (6)
-5
-6
(7) = (3) + (6)
1946/55
565046 
3380 
561666 
 9525027
7243644
2281373
2843039
1956/57
171868
2228
169640
703433
361287
3421
511784
1958/62
1121515
10908
1110607
3241770
2271668
1289931
2400538
1963/65
861461
12302
849159
2287727
1674285
613443
1462602
1966/72
1660693
106485
1554208
2232468
1538773
693701
2247909
1973/ 75
 229676
 50052
 179264
 442533
 338632
 103901
 283525
Fuente: Azpiazu/Kosacoff (1985)
Gráfico 1. Inversión extranjera por periodos y total 1946/1965 (1946/55 = 100) 




Fuente: Elaboración propia en base a datos de Azpiazu/ Kosacoff (1985)
Durante el gobierno de Frondizi, se autorizaron 254 radicaciones, en donde “(…) los 25 mayores proyectos (…) absorbían el 67% total de las inversiones, destacándose entre ellos los presentados por las tres filiales norteamericanas fabricantes de automóviles cuyos valores alcanzan al 20% del grupo de ‘elite’”(Azpiazu /Kosacoff: 1985, 17) . Otro dato importantísimo para analizar es el origen de las inversiones recibidas. Como muestra el cuadro N°6, EEUU es el principal inversor en el país proveyendo más de la mitad de las inversiones en el país. Esta situación implicó una enorme primacía de EEUU, en donde no hubo otro país que le compita medianamente por ingresar en el mercado argentino y desarrollar algún tipo de inversión en el país, lo que demostró la tendencia hacia la concentración de las inversiones extranjeras. Según Basualdo, “Las cifras disponibles indican que entre 1958 y 1963 la nueva inversión extranjera rondó los 500 millones de dólares, monto que representa el 23% de las inversiones radicadas en la Argentina desde 1912, siendo igualmente importante (…) la reinversión de utilidades. Sobre estas bases se puso en marcha la segunda etapa de sustitución de importaciones, que reconocía un claro predominio de las firmas extranjeras industriales, sustentado en actividades que se incorporaron durante estos años (automotriz, químico-petroquímicas, siderurgia, etc.) y que de ahí en más fueron los sectores más dinámicos del espectro manufacturero” (Basualdo: 2010, 57). En el cuadro N° 5 se puede observar la magnitud de las inversiones extranjeras durante el periodo, donde se pueden analizar dos años claves de shock inversor extranjero: 1959 y 1961. Estos dos años coinciden, primero con la sanción de la ley 14780 de inversiones extranjeras y en 1961 con la sanción de la ley 15803 de garantía de las inversiones extranjeras.

Cuadro 5. Inversiones extranjeras efectuadas en la Argentina en el periodo 1958/1965
Año
Millones de dólares (u$s)
1958
9,6
1959
204,9
1960
44,4
1961
119,7
1962
85,1
1963
19,0
1964
11,5
1965
6,5
TOTAL DEL PERIODO:                                               500,7
Fuente: Martorell (1969). El cuadro refleja las inversiones de capital extranjero autorizadas según ley 14.780.     
Asimismo, no hubo desde el Estado una política clara en materia de orientación de las inversiones provenientes del extranjero. La nueva legislación sancionada, si bien aclara que las inversiones deben orientarse a desarrollar la industria en general, no es suficientemente clara en relación a que sectores específicos y con qué estrategia. Esta situación generó que las inversiones se radicaran de manera anárquica en sectores con cierto desarrollo anterior, lo que no aportaba a la integración horizontal y vertical del entramado industrial. En ese sentido, el capital extranjero se vinculó de acuerdo a sus intereses transnacionales y su capacidad de exportar determinadas manufacturas necesarias para la valorización a nivel mundial de su producción. El cuadro N°8 refleja que las inversiones se radicaron intensamente en las industrias química-petroquímica, automotriz, siderúrgica, en la minería, refinamiento de petróleo con fuerte énfasis en las dos primeras abarcando el 75% de las inversiones extranjeras autorizadas durante el periodo. “La orientación de las inversiones favoreció fundamentalmente a la industria petroquímica y a la automotriz, que recibieron el 60% de los capitales radicados bajo el régimen. Las inversiones en maquinaria y metalurgia fueron del orden de los 30 a 40 millones de dólares, y las de especialidades medicinales y otros productos químicos y plásticos, de unos 10 millones. Los 25 mayores proyectos concentraban el 67% de las inversiones, y dentro de ellos, las tres automotrices norteamericanas absorbían el 20%. Otros grandes emprendimientos eran los de las compañías petroquímicas (PASA, Duperial, Indupa, Ipako), destilerías de petróleo (Shell) y aluminio (este último, no concretado)” (Regalsky/Barbero: 2002, 138).

Cuadro 7. Inversiones extranjeras efectuadas en la Argentina en el periodo 1958/65 (en millones de u$s)
Año
Inversiones Directas
Reinversiones
TOTALES
Manufactura
Minería, Petróleo, otras
Manufactura
Minería, Petróleo, otras
Inversión directa
Reinversiones
General
1956
7
-
12
-
7
12
19
1957
3
18
6
6
21
12
33
1958
4
4
1
-
8
1
9
1959
12
33
10
4
45
14
59
1960
15
55
27
9
70
36
106
1961
38
58
33
19
96
52
148
1962
20
76
17
15
96
32
128
1963
8
12
-1
-2
20
-3
17
1964
9
7
26
3
16
29
45
1965
46
-29
61
22
17
83
100
Total
396
268
664
Fuente: Martorell (1969)

Cuadro 7. Origen de las inversiones extranjeras directas autorizadas entre 1958 y 1965 por Ley 14.780
Cuadro 8. Inversiones extranjeras directas autorizadas por sector industrial y país de origen entre 1958 y 1961
PAIS
PORCENTAJE
SECTOR
MONTO
% del 
Estados Unidos
55,1
(millones de u$s)
TOTAL
Suiza
9,8
Química
122.1
31.5
Holanda
5,3
Automotriz
96.7
25.0
Alemania Occidental
6,7
Metales no ferrosos
44.4
11.5
Italia
5,6
Refinación de petróleo
28.9
7.5
Reino Unido
8,1
Maquinaria (no eléctrica)
26.5
6.8
Francia
3,7
Transportes
10.3
2.7
Canadá
2,2
Acero y Aluminio
6.4
1.7
Suecia
0,7
Gas (producción y distribución)
6.3
1.6
Panamá
0,6
Equipamiento ferroviario
5.7
1.5
Venezuela
0,4
Otros
40.1
10.2
México
0,4
Total
387.4
100.0
Bélgica
0,3
PAIS
Uruguay
0,3
Estados Unidos
193.2
49.9
Perú
0,2
Suiza
49.5
12.8
Brasil
0,1
Reino Unido
31.8
8.2
Finlandia
0,1
Holanda
26.3
6.8
Japón
0,1
Otros hasta completar el total de países
387.4
100.0
Liberia
0,1


Austria
0,1

Fondos argentinos externos
0,1
Total
100
Fuente: Martorell (1969)


Impacto en la industria nacional
El proceso aperturista al capital extranjero trajo aparejado una creciente importancia de estos en el proceso de acumulación de capital en el sector industrial. Estas firmas orientaron sus inversiones hacia la industria automotriz y petroquímica principalmente, generando que estas actividades sean quienes motoricen el crecimiento industrial. Este sector “(…) se caracteriza: a) porque en comparación con las firmas competidoras de capital nacional, son mayores sus tamaños de planta, la productividad su mano de obra, sus coeficientes de importación, y su dotación de capital por hombre empleado; b) porque su comportamiento tecnológico se basa en la incorporación de tecnologías que, a pesar de no ser de frontera a escala internacional, sin duda son novedosas en el mercado local (…); c) porque estas empresas se financiaron fundamentalmente a través del ahorro nacional y porque su aporte neto de divisas en el mediano plazo termina siendo negativo debido a que las transferencias al exterior son mayores que los ingresos de capital efectuados” (Katz/Kosacoff: 1989, 29). Este comportamiento generó en los hechos el surgimiento de una estructura industria fuertemente desigual y desequilibrada, demandante de mano de obra, con baja dotación de capital y tecnología, y alojados en los rubros tradicionales. “El capital extranjero (…) en la práctica se radicó en ramas de la industria con alta demanda derivada de importaciones. Estas ramas –bienes durable de consumo, intermedios y algunos de bienes de capital- se convirtieron entonces en dinámicas sin llegar, empero, a contagiar su dinamismo al resto de la industria y menos al conjunto de la economía (…) este sector moderno se caracterizó por un uso relativamente alto del factor capital, que dio lugar a una elevada productividad pero escasa absorción de mano de obra” (Gerchunoff y Llach: 1975, 5). Sin embargo, es también reconocible que la inversión extranjera radicada durante el periodo contribuyó a estimular la inversión de las empresas locales, las cuales actuaban como proveedores local de las grandes empresas (autopartistas, insumos para la química y petroquímica), donde los aumentos de la inversión bruta fija fueron significativos.
Los cambios en la estructura económica argentina de este periodo frente al enorme ingreso de inversiones extranjeras demuestran la creciente extranjerización en la industria. Como muestra el cuadro N°10, para el censo industrial de 1963 se puede observar que, por un lado, la presencia de establecimientos de origen extranjero aumenta en la medida en que estos emplean mayor cantidad de trabajadores, con lo que el capital extranjero realizó emprendimientos capital intensivos estableciendo grandes empresas. Las firmas extranjeras representan un cuarto del valor agregado, desplazando a la producción nacional en los grandes establecimientos. “De acuerdo al Censo Económico de 1963, casi el 50% de la producción manufacturera realizada por empresas extranjeras correspondía a establecimientos fundados a partir de 1958. Aunque, en términos cuantitativos, la inversión extranjera directa fue una pequeña parte de la inversión industrial (alcanzó un máximo del 13% en 1959), se concentró en áreas estratégicas y se destinó en su mayor parte a la instalación de industrias nuevas de tecnología compleja, lo cual implicó una efectiva incorporación de know how, con introducción de equipos especializados y procesos modernos. El censo revela también que, para comienzos de la década de 1960, el tamaño medio de las empresas extranjeras superaba muy largamente al del conjunto de las firmas, con niveles de productividad que más que duplicaban los de las empresas nacionales (Regalsky/Barbero: 2002, 140). Las empresas extranjeras emplean solamente al 12% de la mano de obra industrial, a raíz de la altísima productividad y el tamaño que generan una brecha enorme entre el empresariado local con las empresas extranjeras radicadas en el país. Sin embargo, estos altos niveles de productividad tienen un correlato negativo en tanto que prevalezcan mercados monopólicos y oligopólicos puesto que, “a medida que aumenta la concentración industrial los aumentos en productividad tienden a ser distribuidos o como mayores beneficios en las industrias en que la productividad sube, o alternativamente, como mayores salarios si los gremios son suficientemente fuertes en las industrias exitosas como para inclinar a su favor el mecanismo distributivo” (Katz: 1967, 70).  
Con respecto a los diferentes sectores, las empresas extranjeras tienen una preponderancia en los sectores que involucran bienes de capital, como maquinarias, material de transporte, así como industrias básicas como derivados de petróleo, químicos. En ese sentido, las inversiones extranjeras tuvieron una orientación clara y preponderante hacia donde fueron dirigidas sus inversiones. Sourrouille afirma que “(…) las extranjeras (…) producen un tercio del valor agregado industrial, son de un tamaño sustancialmente mayor al promedio de las empresas nacionales, están ubicadas, por lo general, en mercados altamente concentrados y han aumentado su producción en años recientes a un ritmo que prácticamente duplica al de las empresas nacionales (…)”, y asimismo, estas “(…) participan relativamente más en los sectores de mayor productividad media, dentro de los cuales a su vez su promedio es superior” (Sourrouille: 1978, 6, 13). Además, durante el periodo de referencia, las empresas extranjeras realizaron importantes inversiones de ampliación y de tecnificación que fueron la base de los aumentos en la producción y en la productividad, “(…)todas las plantas de más de mil personas ocupadas eran nuevas o habían tenido ampliaciones sustanciales; sin excepción efectuaron radicaciones de capitales al amparo del régimen de inversiones extranjeras sancionado en 1958 y han tenido un comportamiento más exitoso (…) que el total del sector industrial y el grupo de empresas nacionales de dimensión equivalente” (Sourrouille: 1978, 17). En este sentido, y en relación a los cambios de productividad por sector, Jorge Katz plantea que “(…) industrias tales como petroquímica, papel, tabaco, etc, obtuvieron tasas de acumulación de capital superiores al promedio del sector industrial. En función de ello su productividad también creció más proporcionalmente al resto de la estructura. (…) dichas industrias no estuvieron obligadas por falta de presión competitiva a distribuir los aumentos en productividad en favor de los consumidores (…)” (Katz: 1967, 71).
Cuadro 9. Industria Manufacturera. Datos básicos por tamaño de establecimiento (1963)
PERSONAS OCUPADAS
INDICADOR
HASTA 5
6 a 50
51 a 500
501 a 1000
1001 a 2000
2001 y más
Total
Establecimientos
(número)
Total
109.002
30.608
3.106
161
61
27
142.995
Extranjeros
37
217
343
34
24
11
666
Nacionales
108.965
2.763
2.763
127
37
16
142.299
Valor agregado
(millones m$n)
Total
47.583
126.250
204.776
56.418
58.722
44.463
539.402
Extranjeros
181
5.164
52.312
17.650
33.052
23.546
131.905
Nacionales
47.402
121.086
38.768
38.768
25.670
20.917
407.498
Ocupación
(Personas)
Total
262.430
393.138
396.671
103.411
79.982
84.485
1.320.117
Extranjeros
123
5.100
47.307
24.987
33.446
37.625
158.558
Nacionales
262.307
388.038
339.364
78.424
46.536
46.860
1.161.529
Productividad ( VA/ocup.)
(millones m$n)
Total
0,18
0,32
0,51
0,54
0,73
0,52
0,40
Extranjeros
1,47
1,01
0,91
0,71
0,99
0,63
0,83
Nacionales
0,18
0,31
0,45
0,49
0,55
0,45
0,35
Tamaño (VA/ establec.)
(millones m$n)
Total
0,4
4,1
65,9
350,4
962,7
1.646,8
3,8
Extranjeros
4,9
23,8
152,5
519,1
1.377,2
2.140,5
198,1
Nacionales
0,4
4,0
55,2
305,2
693,8
1.307,1
2,9








Fuente: Sourrouille, Kosacoff, Lucangeli (1985) estimaciones basadas en el Censo Industrial de 1963.
En el cuadro N° 12, podemos observar la evolución del PBI industrial en distintos periodos diferenciado por ramas. Tanto en las ramas vegetativas como en  las intermedias, para el periodo analizado el PBI decreció. En cambio, para las industrias más dinámicas el crecimiento fue bajo en relación a los periodos anteriores[2]. Esta situación se debió fundamentalmente a los enormes problemas económicos que hubo en el periodo, producto de profundos desequilibrios en la balanza comercial, problemas inflacionarios, etc.
Cuadro 10. Industria manufacturera, 1963. Participación de las empresas extranjeras en la producción.
Agrupaciones
Número de establecimientos
Establecimientos extranjeros
Total de establecimientos. Participación de la producción total
Participación en la producción
Extranjeros
Total
De la agrupa- ción
Del total extranjero
Alimentos
99
18.766
19,3
18,4
23,8
Bebidas
27
6.966
22,7
3,5
3,9
Tabaco
12
177
67,4
5,0
1,9
Textiles
35
5.764
6,9
4,2
10,6
Químicos
8
1.968
58,3
4,2
1,8
Caucho
196
2.961
46,9
14,3
7,6
Derivados del petróleo
6
128
37,5
9,4
6,3
Minerales no metálicos
17
9.923
17,6
2,2
3,1
Ind. Metálicas básicas
21
1.350
25,6
5,2
5,1
Productos metálicos
49
16.664
9,5
1,7
4,5
Maquinaria
61
7.103
34,9
6,5
4,7
Maquinaria y aparatos eléctricos
37
4.574
33,4
4,1
3,1
Material de transporte
44
26.997
48,7
19,5
10,1
Total
666
143.057
25,1
100,0
100,0
Fuente: Sourrouille (1978)
En tanto balance del periodo, Frondizi generó un nuevo impulso a un sector industrial con fuerte presencia del capital extranjero en las industrias dinámicas, capital intensiva y de baja incorporación de mano de obra. Esto a su vez implicó la incorporación del capital transnacional en la estructura económica argentina. Con respecto a las transformaciones adoptadas, Llach reconoce los límites de este programa económico pero plantea una visión optimista al respecto del periodo, pese a los enormes costos generados en materia de desequilibrios macroeconómicos, según él “la política de Frondizi fue exitosa en cuanta al desarrollo de las industrias de insumos básicos en el país. Pero por este camino se renunciaba, una vez más, a cualquier alternativa de especializar a la industria argentina en los rubros que le fueran más ventajosos y, mediante esta nueva vuelta de tuerca del proteccionismo al revés, se limitaban seriamente las posibilidades de la manufactura de bienes finales, incluyendo los bienes de capital. Por otro lado, el afán sustitucionista incluía también a la industria automotriz. Aquí se cometieron verdaderos desatinos, llegándose a instalar en el país veinte fábricas o armadurías de automóviles en un mercado que permitía economías de escala para sólo un par de ellas. Esta industria fue decisiva para el crecimiento manufacturero de los años de Frondizi, ya que contribuyó con el 77,7% del total del crecimiento industrial entre 1958 y 1961” (Llach: 2002, 102).
Cuadro 11.Evolución del producto bruto industrial
Tasas de crecimiento anuales acumulativas (en %)

1950-58
1958-64
1964-66
1966-72
1950-72
Alimentos, bebidas y tabaco
3,3
0,2
6,8
3,5
2,8
Textiles, confecciones y cuero
2,3
-2,2
5,7
3,2
1,6
Madera y muebles
4,4
-0,6
8,9
2,2
2,8
Total Vegetativas
2,9
-0,8
6,4
3,3
2,3
Papel, imprenta, publicaciones
5,7
-2,4
12,1
5,5
3,7
Minerales no metálicos
2,8
-0,2
13,4
6,8
3,7
Total Intermedias
4,3
-1,4
12,7
6,2
3,7
Productos químicos, petróleo
7,7
6,0
8,3
8,7
7,5
Industrias metálicas básicas
13,6
7,7
-0,3
12,0
10,2
Productos metálicos, maquinarias y equipo
10,5
6,9
7,3
8,7
8,7
Total dinámicas
9,7
6,7
6,8
9,0
8,4
Otras industrias
1,9
0,6
3,8
5,3
2,6
Total manufactura
5,3
2,6
7,0
6,8
5,2
Fuente: Azpiazu, Bonvecchi, Khavisse y Turkieh (1976)
Existe un debate en torno al rol de las industrias vegetativas durante el periodo. Según el planteo de Azpiazu, Bonveccchi, Khavisse y Tukieh, la industria vegetativa no ha generado crecimiento sino hasta después de 1964 a 1966 donde han contribuido de manera significativa y superior al promedio histórico (1976). Sin embargo, en las antípodas de este debate, Gerchunoff y Llach plantean que “las ramas vegetativas, además de crecer en todos los casos por encima del promedio del periodo (…) se colocaron holgadamente por encima del crecimiento de la población. Por supuesto, estas industrias crecieron menos que el promedio de la industria; pero el fenómeno es suficiente para concluir que en la elevación de la tasa de crecimiento del conjunto de la industria durante el periodo iniciado en 1964 jugaron un papel decisivo las industrias vegetativa” (Gerchunoff y Llach: 1975, 11).

Cuadro 12  .Valor agregado industrial: Tasas de crecimiento anual de las distintas ramas, 1951-1971

1951-58
1958-64
1964-71
1951- 71
Alimentos
2,9
0,3
3,8
2,5
Bebidas
4,5
6,1
5,8
5,5
Tabaco
2,5
1,9
3,3
2,6
Textiles
1,6
0,04
4,4
2,1
Calzado y confecciones
0,8
-3,4
2,0
-0,1
Madera
3,5
0,2
4,9
3
Muebles
6,4
-0,4
3,5
3,3
Cuero
4,1
-4,3
4,5
1,7
Ramas Vegetativas
2,6
0,4
4,1
2,4
Papel
7,7
1,3
7,5
5,7
Imprentas y editoriales
3,5
-0,8
6,4
3,2
Minerales no metálicos
1,9
2,3
9,0
4,5
Ramas Intermedias
3,7
1,1
7,9
4,4
Caucho
3,4
6,2
7,7
5,7
Química
7,3
5,7
10,2
7,8
Derivados del petróleo y carbón
6,6
6,5
7,0
6,7
Metalúrgica básica
12,7
8,3
9,3
10,2
Otros metales, excluido maquinarias
5,3
4,9
8,2
6,2
Maquinaria no eléctrica
17,5
2,3
9,4
9,9
Maquinaria eléctrica
16,5
6,1
7,9
10,3
Material de transporte
8,7
14,4
8,6
10,3
Ramas dinámicas
9,1
7,2
9,4
8,6
Industrias varias
11,1
7,4
8,3
9,0
Producción artesanal
0,9
-0,1
4,0
1,6
Total industria (sin artesanado)
5,3
3,8
7,0
5,4
Total industria (con artesanado)
5,1
3,7
7,0
5,3
Fuente: Gerchunoff y Llach (1975)

Los sectores más beneficiados
Como fuera expuesto anteriormente, hubo diversas ramas que se vieron beneficiadas por la entrada del capital extranjero que se radicó en ellas. Fundamentalmente estamos hablando de las industrias automotriz, química, petroquímica, metalúrgica quienes concentraron la mayor parte de las inversiones realizadas en el periodo por los capitales extranjeros.
El caso del sector automotriz fue la expresión más importante del periodo dado su enorme dinamismo. Luego de sancionada la Ley N°14789, el Poder Ejecutivo realizó el Decreto N°3693 reglamentando el régimen en la rama automotriz y a partir de allí autorizó numerosos emprendimientos, “El efecto del nuevo régimen fue explosivo. La producción (…) pasó de unas 33.000 unidades en 1959, que eran aportadas por IKA, a 200.000 en 1965” (Schvarzer: 1996, 223). Justamente por ello, su aporte al PBI industrial fue trascendental, “ésta aporta más del 30% del incremento en el producto interno bruto manufacturero en el intervalo (1958-19658) (78% en 1958-1961) y aumenta su participación en el producto interno bruto en 7 puntos” (Heymann: 1980, 34). Estas características convierten al sector industrial como el de mayor dinamismo en el periodo, cuestión que se prolongará más allá de esta etapa y que seguirá impactando fuertemente en los años venideros.

Cuadro 13. Producción de automotores expresado en unidades
Años
Particulares
Comerciales
Total
1958
13.273
15.617
29.890
1959
24.792
7.665
32.457
1960
49.519
38.743
88.262
1961
84.501
49.917
134.418
1962
93.873
34.695
128.568
1963
79.478
26.342
105.820
1964
119.005
47.382
166.387
1965
141.114
55.640
196.754
Fuente: Rapoport (2006)
El sector químico fue otro de los sectores en donde se radicaron fuertemente los capitales extranjeros, fundamentalmente en la producción de sustancias químicas industriales, donde la fabricación de fibras para los hilados sintéticos es la que encabeza la producción, “(...) el avance de la química básica permitió que surgieran empresas de química fina y farmacéutica; en estas áreas se podía encarar la tarea productiva con baja inversión en equipos y mucho esfuerzo técnico, acorde con la relativa disponibilidad de ambos factores en el mercado” (Schvarzer: 1996, 225). Este proceso de sustitución de importaciones no estuvo marcado por la satisfacción de una demanda comprimida a la que las nuevas empresas vinieron a satisfacer sino que las consecuencias en este sector fueron bastante más negativas en la articulación con los productores locales ya que fuero desplazados de la producción de insumos básicos, dado que “(…) las nuevas condiciones de producción del sector, dependiente en gran medida de importaciones de insumos básicos, tuvo como consecuencia una efectiva disminución del mercado para los industriales” (Sourrouille: 1978,29).

Cuadro 14. Volumen físico de la producción sustancias químicas y productos químicos; derivados del petróleo y del carbón, caucho y plástico 1958/ 1962(series trimestrales y desestacionalizadas) (Índice base 1960= 100)
Periodo
Trim. I
Trim. II
Trim. III
Trim. IV
TOTAL
1958
92,6
97,2
98,2
96,9
384,9
1959
92,8
93,9
93,0
89,6
369,3
1960
96,1
94,1
100,8
109,0
400
1961
108,8
113,9
114,4
116,0
453,1
1962
127,0
115,1
108,9
114,4
465,4
Fuente: Heymann (1980)
La política hacia el sector petrolero fue de lo más controversial del gobierno de Frondizi y tuvo que asumir costos políticos, fundamentalmente de sectores del peronismo que apoyaron su llegada a la presidencia. El problema del déficit petrolero y la necesidad de lograr el autoabastecimiento llevaron a lo que se denominó la Batalla del Petróleo. Consciente del problema, Frondizi y Arturo Sabato (quien designo al frente de YPF) llevaron adelante una política agresiva hacia el sector que generó numerosos conflictos. Esta política partió de sancionar la Ley N° 14773 donde se nacionalizaba los yacimientos de petróleo y gas, declarándose la necesidad de lograr la meta del autoabastecimiento. Para lograr este fin, Frigerio se encargó de atraer inversiones para YPF y se firmaron contratos con las empresas norteamericanas Pan American, Banca Loeb y Tennesse, así como también se realizó un acuerdo comercial con la URSS para la compra de maquinaria. Tales situaciones llevaron a la perdida de la condición cuasi monopólica de YPF, pero que, pese a ello, la política de Frondizi logró el autoabastecimiento de combustibles. “Cuando hacia 1962 casi se logró el autoabastecimiento de crudo, las empresas privadas contribuían con aproximadamente el 30% de la producción, lo que significaba que YPF extraía el 70% restante. La producción total de petróleo de 1962 fue de 15,6 millones de m3, frente a 5,7 millones para 1957, de la cual YPF le correspondían 10,4 millones, es decir, más del doble del total alcanzado cuatro años antes. La inversión extranjera global en el sector petrolero entre 1959 y 1963 llegó a 200 millones de dólares” (Rapoport: 2006, 461).
Gráfico 2. Producción de petróleo (en millones de m3) 





              Fuente: Rapoport (2006)

Asimismo, la industria siderúrgica, metalúrgica y metalmecánica se vieron impulsadas fuertemente en este periodo. La inauguración de SOMISA, un emprendimiento del gobierno peronista para desarrollar la industria siderúrgica que fue inaugurado en 1960. Asimismo, se inauguró el alto horno de San Nicolás de los Arroyos perteneciente a SOMISA triplicando la producción de acero en tres años (ver gráfico 3).
Cuadro 15. Volumen físico de la producción de las industrias metalmecánicas (exceptuando la automotriz) 1958/ 1962 (series trimestrales y desestacionalizadas) (Índice base 1960= 100)
Periodo
Trim. I
Trim. II
Trim. III
Trim. IV
TOTAL
1958
92,5
96,4
100,9
101,4
391,2
1959
91,7
97,2
66,7
95,8
351,4
1960
97,7
100,4
101,4
100,6
400,1
1961
105,0
109,5
113,1
106,4
434,0
1962
106,9
103,4
88,9
86,0
385,2
Fuente: Heymann (1980)
Gráfico 3. Producción de acero (en millones de toneladas)
Fuente: Rapoport (2006)
Conclusión
El gobierno de Arturo Frondizi se inscribió en una etapa política profundamente asediada por conflictos políticos y limitaciones estructurales en el modelo económico. La necesidad de dar un salto cualitativo para generar una nueva etapa en el proceso de sustitución de importaciones desarrollando industrias de bienes intermedios y de capital fue el desafío de la época. Una mirada de perspectiva a futuro de mucha claridad de aquella conducción política. Sin embargo, la introducción del capital extranjero en la estructura económica argentina trajo enormes inconvenientes económicos y problemas políticos de diversa índole.
La caída del peronismo claramente significó un cambio de época en materia de inversiones extranjeras. Pese a su tibia política aperturista para finales del segundo gobierno de Perón, con la sanción de la Ley N° 14222, los verdaderos cambios comenzarán a verse recién durante la Revolución Libertadora. De la misma manera podía verse desde los EEUU, el documento elaborado por Henry Laurant de una consultora norteamericana así lo expresa tajantemente “(…) los gobiernos argentinos posteriores a 1955 han mostrado una actitud positiva hacia la inversión extranjera en el país. Más aún, se han tomado medidas concretas a fin de ofrecer incentivos para atraer inversores” (Sikkink: 2009, 117).
Los más de 500 millones de dólares que ingresaron al país en materia de inversiones, la construcción de enormes polos industriales y numerosas industrias dirigidas por empresas transnacionales nos hace confirmar la hipótesis de que durante este periodo la industria nacional incrementó exponencialmente su grado de extranjerización. Este cambio sustancial implicó la introducción de un nuevo sujeto político en la estructura económico-social argentina, el capital transnacionalizado de origen norteamericano que, al introducirse en el país, se transformó en un actor de peso en la escena política, con un alto grado de preponderancia como una fracción importante de las clases dominantes de Argentina.
Asimismo no es menor el lugar en el que se fueron alojando estas inversiones. Su enorme dotación de capital y tecnología las llevaron a introducirse en sectores dinámicos que les permitieron desarrollar un proceso de acumulación de capital a gran escala con altísimos niveles de productividad. Esto generó una brecha impresionante con los sectores del capital nacional, quienes tuvieron que resignarse a ser meros proveedores de estos, sin la más mínima capacidad de competir. La concentración económica fue otra de las consecuencias de la apertura indiscriminada a las inversiones extranjeras, lo que tuvo como correlato la formación de capitales monopólicos y oligopólicos  en las diferentes ramas de la industria.
El anterior proyecto del nacionalismo económico que impulsó el peronismo, tuvo una burguesía nacional con una enorme incapacidad de desarrollar un proceso de acumulación que le permitiera generar una formación de capital tal como para desarrollar los enormes emprendimientos productivos requeridos para lograr un salto en el proceso industrializador. Esta característica fue común en la región en donde “La protección elevada e indiscriminada, así como la presencia masiva de empresas transnacionales es, mucho más, una expresión de la debilidad del sector empresarial nacional (…) si se acepta la hipótesis de la objetiva debilidad del sector empresarial nacional, la apertura pura y simple puede traducirse en el retorno a una situación en que las empresas nacionales se ocupen de actividades no expuestas al comercio internacional” (Fajnzylber: 1984, 145), por lo que “la masiva presencia de empresas extranjeras en torno a 1960 aparece claramente asociada a la explotación de un mercado interno protegido de la competencia externa tanto por las barreras arancelarias como por un mecanismo de discriminación que requería de la autorización especial para cada caso de nueva radicación” (Sourrouille: 1978, 25). Esto se vio condicionado por una situación externa en donde la estrategia de los populismos de trasladar los excedentes de renta agraria hacia el sector industrial se vieron limitados por la caída de los precios internacionales de los productos primarios, lo que llevó a las posturas desarrollistas a plantear una estrategia aperturista frente a la incapacidad para canalizar el ahorro interno.
Con respecto al caso de la industria automotriz en particular, esta fue el principal motor del crecimiento industrial en el periodo, “la expansión automotriz de finales de la década del cincuenta y principios de la del setenta revela un fuerte componente de desequilibrio y búsqueda de rentas oligopólicas por parte de distintos grupos empresarios y la incapacidad del Estado Nacional de ‘arbitrar’ entre ellos en función de algún modelo de ‘convivencia social’” (Katz/ Kosacoff: 1989, 56). Este fomento de automotriz también traería cambios no solo en la matriz industrial sino que impactaría socialmente, generando la masividad del automotor como medio de transporte de masas, a lo que hay que sumarle el comienzo de la destrucción del ferrocarril a partir del Plan Larkin.
El nuevo ciclo de crecimiento industrial correspondiente a la segunda fase de la industrialización por sustitución de importaciones generó cambios estructurales significativos en la matriz productiva. La necesidad de avanzar en la producción de bienes intermedios y bienes de capital derivó en la estrategia aperturista ligada a la introducción del capital extranjero y de las empresas transnacionales fundamentalmente estadounidenses. Este proceso indiscriminado y cuasi compulsivo terminó generando una industrialización del tipo dependiente de los centros del poder económico mundial, en donde la concentración y extranjerización industrial fueron las características más sobresalientes de ésta. Si bien la estrategia desarrollista planteaba la autarquía económica como meta, sus resultados terminaron siendo totalmente diferentes. El capital transnacionalizado terminó siendo un sujeto de presión económico-político al interior de las clases dominantes argentinas con capacidad de imposición de políticas económicas que les fueran favorables.


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Leyes consultadas
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·         Ley de Promoción Industrial N° 14781/ 58
Ley de Garantía a las Inversiones Extranjeras N° 15803/ 61 http://www.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/200000-204999/203742/norma.htm



[1] Ver Rostow (1970).
[2] “Las Ramas tradicionales eran llamadas ‘vegetativas’ porque seguían el lento aumento de la población una vez cubierto el mercado interno. Las nuevas, en cambio, eran llamadas ‘dinámicas’ porque se las suponía capaces de crecer con ritmo rápido y duradero.” (Schvarzer: 1996, 224)

*PONENCIA A PRESENTARSE EN LAS IV Jornadas de Historia de la Industria y los Servicios. FCE-UBA AGOSTO 2013



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