jueves, 21 de marzo de 2013

Todo 8 tiene su 9


Por Sebastián Serra*



El 9 de diciembre fue la fecha en la que nuevamente el pueblo colmó la histórica Plaza de Mayo en lo que fue llamada la “Fiesta Patria Popular” que combino a artistas populares y el discurso de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.  Hacía varios meses que desde el kirchnerismo no se movilizaba masivamente y que Cristina no hablaba ante la multitud.

De dónde venimos

Cuesta hacer un análisis del hecho político que significó el 9 de diciembre sin recapitular lo que paso en el año. El inicio del segundo mandato de Cristina significó, nuevamente, un año cargado de conflictividades con sectores medios y altos opositores, corporaciones mediáticas, sindicales y grupos económicos concentrados.  En el contexto de una crisis internacional se sintió en la región, a lo que se le agregó el freno de la economía brasileña, nuestro país sintió un fuerte impacto que detuvo el ciclo de crecimiento a tasas chinas.
En ese marco, este año estuvo signado por la denominada “sintonía fina”, es decir una estrategia político-económica que pretende profundizar las reformas progresivas al modelo económico y dotarlo de mayor fortaleza para encarar los nuevos desafíos que se le presentan. Esto estuvo signado por generar instrumentos reguladores para intervenir en el mercado, fortaleciendo la estrategia sustitutiva de importaciones.
La centralidad de estas políticas estuvo marcada por la histórica recuperación de YPF y la posterior regulación del mercado de combustibles convirtiendo a la actividad petrolera en un recurso estratégico.
Por otro lado, la política de control a la compra de divisas fue la medida que mas reacción generó. Esta política adquiere una trascendentalidad importantísima en cualquier estrategia industrializadora, dado que los dólares atesorados son necesarios para adquirir bienes intermedios y de capital imprescindibles para el proceso productivo. Esta estrategia fue en parte respuesta al intento del poder económico concentrado de utilizar como  estrategia desestabilizadora a las corridas cambiarias y la fuga de divisas como mecanismos de presión política para imponer políticas económicas favorables del gran empresariado.  La necesidad de “cuidar” los dólares y destinarlos al fortalecimiento de las actividades productivas constituyó una política de Estado y un eje fuerte de la gestión económica actual para defender a la industria nacional.
A su vez, el conflicto sindical no fue un hecho menor en el corriente año. En el marco de la división del movimiento obrero organizado en 5 centrales sindicales  el sector de la CGT encabezado por Hugo Moyano, un histórico alineado al kirchnerismo, decidió alejarse del esquema de poder del actual gobierno. El eje de su reclamo estuvo basado en la actualización del mínimo no imponible, un reclamo legitimo pero particular de una fracción de la clase trabajadora, lo que denotó el carácter corporativo y limitado; a lo que se le sumo su disminución en la capacidad de movilización debilitándolo como actor político. Para ello desarrollo una estrategia política de confrontación territorial en las calles, de acercamiento político ala CTA de Micheli y a sectores de la derecha política con quienes ya vislumbra posibles acuerdos electorales de cara a los próximos años. Esta nueva configuración política en el plano político-sindical tuvo su expresión con el “paro general” el 20 de noviembre en conjunto con la CTA de Michelli.

Otro rasgo fundamental de este año fue el incremento de el conflicto entre el Grupo Clarín con el Gobierno Nacional por la aplicación de la Ley de Medios. La estrategia de la corporación dirigida por Magnetto se constituyó en diferentes planos. Por un lado, apostó a trabar la aplicación de la ley por la vía judicial, la cual se manifestó en las vísperas del famoso 7D, mediante la obtención del favor de jueces favorables a este poder concentrado de los medios. Por otro, apostó fuertemente al desgaste de la figura presidencial mediante un constante ataque, aprovechando el ciclo desfavorable que tuvo la economía este año. Esta estrategia contó con un alfil que logró notable popularidad mediática: Jorge Lanata. Este partía de un reconocimiento social previo por su periodismo ligado a la denuncia de la corrupción y siempre ubicado de manera crítica en el progresismo. Su giro político estuvo marcado por la construcción de una figura mediática que, ante una oposición política débil e incapaz, construyó la agenda política opositora. Esto lo realizó mediante denuncias de corrupción sin pruebas o de dudosa factibilidad, cuestionamientos sin fuentes de procedencia, utilizando el show mediático generando impresionismo en los sectores medios y altos sobre lo que “genera modelo”, en sectores postergados con los que el Estado todavía tiene importante deudas.

El 8N

El famoso 8N fue la condensación de un proceso que venía expresándose anteriormente en los cacerolazos y que, según sus voceros, tenía como fin el que el gobierno nacional escuche sus reclamos. Sin embargo, no puede analizarse este fenómeno desde una lógica meramente política sino fundamentalmente en términos sociales. Ese día se expresaron las clases medias y altas urbanas con un tal grado de heterogeneidad en sus consignas políticas que las hacían imposible de sistematizar en un programa político claro. Y es que, justamente, estos sectores se expresaron en una gran catarsis colectiva antikirchnerista puesto que están sumergidos en una crisis de representación política. Fue más bien la manifestación de un reclamo hacia los políticos opositores a que construyan una alternativa política que los encauce que un reclamo profundo por un giro en las políticas gubernamentales.
Sin embargo, bajo la falsa idea de consenso, la intencionalidad de los dirigentes políticos que intentaron ser los direccionadores de este proceso estaba más que clara.  Estos quisieron capitalizar las movilizaciones para fortalecer su objetivo político de reinstalar en el país un programa económico ligado al retorno de las políticas de ajuste y liberalización económica, que benefician al capital especulativo y le crean a la clase media la falsa idea de bienestar a partir de la posibilidad de compra de dólares y el consumo de bienes suntuarios.  Si bien no se puede relativizar estas movilizaciones que, fogoneadas por Clarín y sectores de la derecha, fueron la expresión de un sujeto social que en su inmensa mayoría no votó a Cristina en 2011. Esta es la base social de la que se sustenta el apoyo a Mauricio Macri en capital, que votó a Hermes Binner en la última elección y que hoy por hoy no observa una fuerza política que pueda contrapesar mínimamente las políticas “populistas”, “chavistas” y “estatizantes” del kirchnerismo.

Después del 8 viene el 9

El devenir del conflicto con el Grupo Clarín determinó el famoso 7D como fecha límite para la presentación de los planes de desinversión para adecuarse a la Ley de Servicios de Comunicación audiovisual. Las vísperas de esa fecha clave estuvieron signadas por un traspié judicial para el kirchnerismo, obteniendo la extensión de la medida cautelar.
Esta situación implicó un nuevo retraso en la aplicación dela LSCApero a la vez sigue expresando una lucha política por la desmonopolización y la democratización de la comunicación en donde el multimedio se encuentra a la defensiva.
EL 9 de diciembre fue elegido entonces el día para que los diferentes sectores alineados al kirchnerismo se movilizaran a Plaza de Mayo para respaldar las políticas oficiales. La famosa Fiesta Patria Popular que buscaba celebrar el Dia dela Democraciasirvió como excusa para que amplios sectores organizados y no organizados se movilizaran con la perspectiva de defender y profundizar el proyecto encabezado por Cristina.
La movilización contó con una heterogeneidad política y social que es propia del kirchnerismo. Un núcleo fuerte de las organizaciones peronistas y del campo nacional y popular que componen el espacio Unidos y Organizados con La Cámpora, el Movimiento Evita y Kolina con sus columnas más numerosas, a las que se sumaban la de los sindicatos y pequeños colectivos militantes, que se entremezclaban con el público no organizado que asistió. En términos sociales, el componente de la marcha estuvo muy marcado por los sectores populares del conurbano un rasgo histórico característico del peronismo. A su vez, hubo una cantidad muy significativa de jóvenes y de clase media urbana que asistió, demostrando la falsedad del discurso mediático de que esta es antikirchnerista por definición. Este sector es el que hoy por hoy se encuentra en disputa socialmente y tiende a ser muy heterogéneo política y culturalmente. 
Con respecto al discurso de Cristina, se evidenció una clara línea de confrontación con el poder judicial corporativo, al que le exigió una fuerte democratización, que respete la voluntad popular y que sea independiente no solo del poder político sino también del poder económico. La centralidad de este planteo es fundamental para la profundización de todo proyecto político democrático y popular. El poder judicial actúa como un contrapeso conservador trabando las iniciativas los otros poderes del Estado que afectan a los grupos de poder. Dados sus privilegios, este sector es permeable a los intereses particulares de los diferentes sectores del poder económico de nuestro país, arraigados en una red de favores en las que se benefician mutuamente. Es parte necesaria de este proyecto político acabar con los privilegios de sectores que, amparados en su supuesta imparcialidad y autonomía, utilizan ese espacio como lugar de beneficio personal y de los grupos de poder, a los que les garantizan sus negociados.
La presidenta Cristina sigue siendo la única con capacidad de sintetizar un cúmulo de actores sociales y políticos bajo un único proyecto político. Es esta hegemonía política generada en esta etapa histórica la que garantiza una relación de fuerzas favorable viabilizar las políticas de inclusión social, el avance en la ampliación de derechos y la movilidad social ascendente. Esta alianza social y política hegemonizada por el bloque nacional y popular es la que dinamiza la  tarea histórica de reconstruir la sociedad y el Estado luego del profundo retroceso que significaron las reformas neoliberales y el modelo excluyente.
Frente a la disgregación opositora, el retroceso de las corporaciones y el fracaso de las estrategias desestabilizadoras, el Proyecto Nacional y Popular se vuelve a mostrar vigoroso y con un liderazgo claro y contundente, que como bien dijo en su discurso ella solo aflojara si nosotros aflojamos.
Buenos Aires, 17/12/2012

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